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Barranco de la Cabeza

El Barranco de la Cabeza es una prominencia de la Sierra de Guadarrama (en el Sistema Central), de 1.679 msnm. Realmente podríamos considerarla parte de la Sierra de Malagón, subsidiaria de la primera, que comienza en el Alto del León y finaliza por las pedanías de las Parameras de Ávila.

Se trata de una de las alturas de los llamados montes escurialinos, junto al Monte Abantos, el Cerro San Juan, el San Benito o Las Machotas, por rodear a la población de El Escorial, en Madrid.

Su acceso normal puede hacerse desde el Puerto de Malagón o desde la población de Robledondo. En ambos casos una pista forestal llega casi hasta la cima con lo que se trata de una excursión muy fácil que se puede hacer hasta con niños.

Si os gustan las experiencias más fuertes, podéis intentar su ascensión desde el Risco de la Torrecilla o la Sima de los Pastores (ambas en la vertiente madrileña), donde determinados tramos pueden resultar bastante expuestos.

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Localización: El Escorial

Tipo de Ruta: Senderismo

Longitud: 6´5 kilómetros

Duración: 2 a 3 horas (según paradas)

Época recomendada: Todo el año

Dificultad MIDE:  → mide_BarrancoDeLaCabeza

Equipación mínima: Bastón, mochila, botas de trekking y agua. (más info…)

Ruta GPS:

Barranco de la Cabeza

Recomendaciones:

  • Hay agua potable en un par de puntos del recorrido, pero si llevamos agua en la mochila, casi no nos será necesario aprovisioanrnos más.
  • La ruta no tiene dificultad alguna, pero si la climatología se nos vuelve adversa, podemos descender por la pista que baja hasta el Pinarejo hasta encontrar un refugio junto al camino.
  • Si se deambula por las zona próxima a los riscos que dan a El Escorial, tener precaución: la caída puede ser larga.

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Solo juega el hombre cuando es hombre en el pleno sentido de la palabra, y solo es plenamente hombre cuando juega.

Mientras saco mis cosas del maletero del coche, en el Puerto de Malagón, soy consciente de que inicio hoy una marcha con el objetivo de poder “jugar” en el pleno sentido de la palabra. De recuperar el nivel de juego que tenía hace unos meses.

Pero también trato de ser honesto conmigo mismo y no me miento al pensar que este camino va a ser largo.

Hoy pretendo ascender a uno de esos desconocidos de la sierra, al que llaman: Barranco de la Cabeza. A probar mi maltrecha rodilla por fin con caminos en cuesta.

No es una cumbre en absoluto difícil, según mis investigaciones, pero empezará a servirme como entrenamiento para alcanzar cotas mayores…

Atravesamos la valla metálica que da acceso a la pista forestal que asciende al suroeste en dirección a Robledondo. La intención es encontrar un pequeño sendero que recorre toda la cresta hasta llegar a la cima, pero, mientras dejamos a nuestra derecha el Embalse del Tobar, caminamos y caminamos sin encontrarlo.

Hay una valla de alambre de espino, que parece nueva, cortándonos el paso. Quizás por eso no localizamos un punto claro de acceso.

Estoy acompañado de unos amigos que se han decidido a aprovechar el buen día que hace con un paseo por el campo. Entre ellos está un compañero habitual de expediciones, que hacía tiempo que no caminaba conmigo: Juan Carlos.

Me agrada tenerles aquí, así no camino solo sino en buena compañia y tengo la seguridad de ser ayudado si pasa algo.

Seguimos ruta hasta que la pista pierde inclinación e incluso desciende ligeramente. Más adelante vemos el collado que separa la cima principal de este primer afloramiento. Según el GPS, por ahí hay una senda que sube sin ningún tipo de error.

Efectivamente, al llegar vemos como un camino ligeramente pedregoso se desvía por el bosquete.

Mi rodilla se pone a prueba en este camino inestable. Y por el momento responde bien. Una docena de metros más adelante, la vereda gira a la derecha y comienza a subir de forma bastante pronunciada.

Aquí empieza lo divertido.

Noto como los músculos de la pierna se ponen tensos para intentar elevar mi cuerpo. Pero las casi dos semanas que llevo de rehabilitación han dado su fruto y tras unos pocos pasos la molestia casi parece desaparecer mientras continúo.

Adelanto a mis compañeros.

Ya veo el vértice geodésico que marca la cima.

Cerca de él, parece haber una pequeña antena alimentada por unas placas solares. Algo había leído al respecto, así que… si… hemos llegado a buen término. Y estoy realmente satisfecho de mi estado.

Noto la falta de entrenamiento. Incluso que la rodilla aún tiene alguna molestia y no está del todo segura. Pero terminar esta pendiente me da ánimos a seguir por el camino que me he trazado.

A mi izquierda la valla de alambre está deteriorada y puedo cruzarla para subirme a unas rocas y contemplar el paisaje.

El mirador parece estar encima de un pequeño “circo”. Quien sabe, quizás hace decenas de miles de años aquí había un pequeño glaciar que talló estas formaciones. Pero no soy geólogo, no podría asegurarlo.

A mi izquierda, el Monte Abantos (puedo ver su cima desde aquí). Bajo él el magnífico Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, que parece observarnos junto a las rocas de los riscos que nos flanquean.

Enfrente Las Machotas. Y a mi derecha, el San Benito y la Almenara (próximo objetivo).

Las vistas merecen la pena, como siempre.

Hemos tardado muy poco en llegar hasta aquí, así que seguimos adelante hasta encontrar la carretera. Y no tardamos mucho en hacerlo.

Dejamos tras de nosotros el Puerto de la Cruz Verde, que se aprecia perfectamente desde aquí, y retomamos la pista hasta llegar a una bifurcación que desciende hasta el bosque de pinos conocido como el Pinarejo.

Tenemos tiempo de sobra y, para aprovechar la mañana, decidimos desviarnos un poco antes de volver al puerto y ver qué hay por aquí. Pasamos junto a una fuente y una pequeña cantera (o al menos eso indica el GPS) y descendemos tranquilamente hasta que llegamos a unos corrales.

Al fondo: Peguerinos. Desde allí: al Alto del León.


En este punto, y tras consultar el mapa, viramos a la derecha y abandonamos la pista para ascender de nuevo por la Cuerda de Majalasvacas.

A nuestro paso se nos cruzan varios rebaños de vacas y camadas de caballos. Algunos nos miran extrañados… “A estos no los conozco”, seguro que piensan.

Pacen sueltos por la zona, en esta época abundante en pastos y cargada aún de flores…

Vemos algunos potros correteando por la zona, y algún ternero bebiendo de las ubres de sus madres. Es todo muy bucólico.

Atravesamos el nacimiento del Arroyo del Hornillo, ya casi campo a través, pues el sendero casi ha desaparecido, y subimos un poco más hasta unas rocas. Detrás está la carretera y más allá: el puerto.

La vista es preciosa desde aquí. Nunca me había percatado de lo chulo que es este puerto de montaña, hasta que lo veo desde esta perspectiva.

Es algo que me llevo hoy para casa. Eso y la sensación de que todo va bien con mi pierna.

Seguiremos adelante…

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