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Cabeza de Illescas

El cerro de Cabeza de Illescas (1.136 m.), llamado originalmente Cabezo del Yescar según Bernaldo de Quirós (La Pedriza del Real de Manzanares, 1923), es uno de los modestos cerros (o montes-isla) de la Sierra de Guadarrama que, al igual que otros miradores como el Cerro de San Pedro, la Sierra del Hoyo de Manzanares o el Cerro del Castillo, nos ofrecen un panorama poco usual y espectacular de esta parte de la cordillera y, sobre todo, de La Pedriza del Manzanares.

Precisamente, este cerro en concreto se encuentra al sur y a muy poca distancia de este lugar, por lo que supone un magnífico mirado de la misma con el telón de fondo de Cuerda Larga. Sus laderas están plagadas de encinas, enebros, robles y jaras, y las fincas que lo flanquean tienen perimetradas sus áreas con numerosas alambradas, por lo que el acceso además de problemático con respecto a lo legal… lo será en cuanto a lo físico.

AVISO:

Para acceder a la cumbre hace el falta permiso del dueño de la finca Cabeza de Illescas, según el Centro de Gestión del Parque Regional de La Pedriza en Soto del Real. Si hacéis caso omiso de esta advertencia no seréis ni los primeros ni los últimos (de hecho hay publicaciones a la venta donde se registra esta ascensión) pero si hubiera algún tipo de problema, avisados habéis quedado.

Nosotros no nos hacemos responsables del uso que hagáis de la información aquí presentada.

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Localización: Manzanares el Real

Tipo de Ruta: Senderismo

Longitud: 6 kilómetros (aproximadamente)

Duración: 1 hora

Época recomendada: Todo el año

Dificultad MIDE:  → mide_cabezaillescas

Equipación mínima: Bastón, mochila, botas de trekking y agua. (más info…)

Ruta GPS: Cabeza de Illescas

Recomendaciones:

  • Aunque hay una fuente a mitad de recorrido, esta suele estar seca, por tanto es recomendable llevar agua en la mochila.
  • Gran parte del camino circula por el GR-124 (La Senda Real) o el Camino de Santiago de Madrir, por lo que la señalizació no será un problema.
  • Al ser un coto privado de caza, en ocasiones suelen existir batidas de perdices. Como ya hemos dicho, si entráis en la finca sin autorización, lo hacéis bajo vuestra responsabilidad y os atendréis a las consecuencias.

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Siempre me ha “jorobado” bastante que le pongan vallas al monte. Pero supongo que a veces es lo que hay.

Desde que subí a montes como el Cerro de San Pedro o el Estepar (otros que en teoría parecen acotados al paso, aunque de forma ilegal) siempre había tenido en la mirada a este pequeño monte que seguramente me proporcionaría unas vistas aún más increíbles que estos de toda La Pedriza. Sin embargo, a diferencia de los mencionados, en esta ocasión mi tardanza en coronarlo se ha debido a la evidente alambrada que lo rodea de forma legal y que impide el paso, salvo permisos expresos.

Amanecer en el Embalse de Santillana

Según amanece sobre el Embalse de Santillana, con el pequeño monte recortando la luz, me digo a mi mismo que lo que voy a hacer no es muy legal, no, pero que tampoco debe impedirse el acceso a semejante mirador siempre y cuando se haga con respeto. Además, ya he visto varias publicaciones en donde se ha accedido como yo lo voy a hacer y no ha habido mayores problemas.

Así, dejo el coche nada más cruzar el embalse y me pongo en camino por la amplia pista forestal que asciende desde mi derecha. Esta pista forma parte del Camino de Santiago de Madrid y es además el sendero de gran recorrido GR-124 (la llamada Senda Real), así que la señalización, aunque escasa en algunos puntos, no debería suponer ningún problema.

Al llegar a una barrera canadiense para impedir el paso del ganado, un mojón de piedra de la Comunidad de Madrid, me marca el camino hacia la izquierda por una pequeña trocha (sin llegar a cruzar el paso).

Marcas del Camino de Santiago

El camino es cómodo mientras voy dejando tras de mi la impresionante figura del Yelmo iluminada con colores rosáceos propios del amanecer.

Al cabo de unos minutos, vuelvo a retomar la pista forestal y sigo por ella contemplando como a mi espalda un coche penetra en una de las fincas que rodean al Cabeza de Illescas. Puede que tenga mala suerte si hoy han decidido visitar sus tierras…

El camino me lleva sin pérdida hasta un cruce de caminos en donde debemos girar hacia la izquierda y pasar junto a una fuente que hoy veo totalmente seca. Un poco más adelante, tendré que empezar a estar atento para ver por donde se puede cruzar e iniciar la auténtica ascensión.

Curva & fuente

Quizás esto es lo que más tiempo me hace perder: el localizar los posibles puntos de acceso. Incluso, una vez logro entrar en la finca, me encontraré que, tras sobrepasar un cercado de piedra para ganado algo ruinoso, aún tendré que pasar un total de tres alambradas más. Afortunadamente alguien ha pasado por aquí antes que yo y los puntos de paso son relativamente sencillos de superar si te arrastras bajo ellos.

La subida en general no reviste ningún tipo de dificultad, pero si es algo trabajosa ya que debes ir reconociendo el posible “camino” a seguir entre la maraña de arbustos y rocas. Al final, se convierte en un paseo campo a través en donde te vas arañando, cansándote por el esfuerzo e intentando causar el menor daño posible al entorno.

Cabeza de Illescas

No obstante, la recompensa es maravillosa en cuanto vislumbras el vértice geodésico y aparece frente a ti la espectacular Pedriza con el embalse a sus pies.

Permanecer mucho rato por aquí tampoco es algo que me apetezca, no vaya a ser que venga alguien a llamarme la atención, pero no puedo evitar quedarme embobado contemplando los riscos pedriceros mientras como algo. La mayoría de los urbanitas madrileños no saben la joya que tienen al alcance de su mano. Y muchos de los que lo saben no la respetan como deberían. Últimamente se están imponiendo muchas restricciones a su acceso y por ello pagamos justos por pecadores; pero si sirve para proteger semejante lugar… tendrá que ser bienvenido, siempre y cuando “los que mandan” sepan gestionar bien este recurso.

Cumbre del Cabeza de Illescas

Últimamente he decidido subir a una serie de pequeños cerros casi desconocidos para disfrutar de esa soledad que cada vez es más difícil de encontrar en Guadarrama. Rutas no muy largas que me permitan estar desahogado del estrés de la gran ciudad y no muy lejano de ella para acudir a la nueva aventura en que me he embarcado…

Este es el primero de ellos, y una deuda que me quito de encima.

Según desciendo oigo disparos de cazadores intentando abatir a las perdices que pueblan su finca. Quizás lo de pedir permiso habría sido buena idea, pero me dejo ver bien con ropa de color y trato de salir de la finca lo antes posible. No me gustan las vallas en el monte, pero menos aún los perdigonazos. No creo que vuelva por aquí arriba, ya tengo las fotos que quería…

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