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Cerro de la Almenara

El Cerro de la Almenara (1.259 m de altura) es el monte más meridional de la Sierra de Guadarrama, y es el segundo en altitud del municipio de Robledo de Chavela (Madrid), tras el monte de San Benito. Más hacia el sur tan solo encontraremos ya una gran altitud: el Pico Casillas o Alto del Mirlo (1.768 m.), primera de las estribaciones de la Sierra de Gredos por esta vertiente y la única de toda esa sierra que tiene terrenos dentro de la Comunidad de Madrid.

En su cumbre hay unos restos arqueológicos, datados de la invasión musulmana de España, y se dice que desde ellos los árabes encendían hogueras para avisar a Toledo de que se aproximaban tropas cristianas para atacar. De ahí su nombre: [del árabe] al manara… “el lugar de la luz”.

Se trata de un monte de características bastante bonitas ya que su perfil se asemeja casi a una piramide según el punto de vista. Entre este monte y el colindante del Almojón (1.178 m), discurre el sendero GR-10 camino hacia la singular Ermita de Navahonda (s XVI-XVII).

A continuación os detallamos los datos de la ruta:

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Localización: Robledo de Chavela

Tipo de Ruta: Montañismo

Longitud: 10 kilómetros, ida y vuelta (aproximadamente)

Duración: unas 3 horas

Época recomendada: Todo el año

Dificultad MIDE:  mide_Almenara

Equipación mínima: Bastón, mochila, botas de trekking y agua. (más info…)

Ruta GPS: La Almenara

Recomendaciones:

  • Supuestamente hay agua potable en un par de puntos de la zona, pero en verano pueden estar secas. En verano es recomendable llevar un par de litros de agua.
  • El acceso a la cima requiere de una pequeña trepada, más o menos dura según la vertiente de acceso: extremar las precauciones.
  • El coche puede dejarse en varios puntos de la pista forestal según se quiera caminar más o menos. Sin embargo, os recomendamos dejarlo al principio y hacer todo el paseo a pie.

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Se dice que existe una leyenda sobre este monte. La Leyenda del Moro de La Almenara.

Según narran las gentes del lugar muchos excursionistas cuentan que, algunas tardes, cercana ya la noche, se han visto resplandores en su cumbre, que sería la hoguera que encendería al anochecer un misterioso moro fantasma, que aún avisa a la antigua capital de Toledo de la proximidad de tropas invasoras.

Resulta curioso encontrarse con leyendas tan bonitas y tan antiguas, mientras camino hacia los radiotelescopios de la N.A.S.A. (al pie de la cima) que pacientemente exploran el cielo en busca de otros mundos.

Cosas del presente… Cosas del futuro… dirían algunos.

Pero me parece hallarme en un lugar donde todas las edades se encuentran. “Un punto mágico en el mundo donde siempre, época tras época,  se ha enclavado algún sistema de comunicación y se ha tratado de llevar la luz a los hombres”, pienso mientras dirijo mis pasos hacia esta pequeña cumbre.

Es la primera vez que trato de hacer una ascensión “medianamente seria” desde mi operación. No es que se trate de una gran altura, pero al menos si que va a exigirme un cierto esfuerzo en la rodilla. Tanto en subida como en bajada. Así que, además de una bonita excursión, me tomo el día de hoy como un primer test serio a la vez que un entrenamiento.

Mientras mi compañero Amador y yo recorremos los primeros centenares de metros de la pista de tierra que nos llevará a nuestro objetivo, hago un repaso mental de los dos meses que llevo de rehabilitación y gimnasio. La cosa parece que va bien, porque, aunque “noto” todavía la rodilla, esta cada día está más fuerte. Por ello, finalmente, he decidido planificarme un buen entrenamiento (incluyendo un estudio de mis pulsaciones) para mejorar mi rendimiento. Todo con un objetivo bien claro para el año que viene, pero que aún prefiero mantener en silencio…

Seguimos una pista que circula por la ladera del Almojón, un cerro hermano de La Almenara, pero que no ascenderemos ya que no merece nuestra atención por el momento. El camino es evidente y sencillo, ya que no tiene desvíos aparentes.

Así, nuestros pasos transcurren apaciblemente mientras vamos calentando las piernas, hasta que llegamos al collado que separa las dos prominencias. El camino empieza a descender rumbo a la Ermita de Nuestra Sra. de Navahonda, y a nuestra derecha vemos una valla por la que hay un acceso hacia un sendero que empieza a ganar altura rápidamente.

La cruzamos, y empezamos a subir, teniendo cuidado de no resbalar en algunos puntos demasiado llenos de paja seca.

Empieza a apretar el calor, y caminamos por un “secarral”.

A partir de aquí los árboles empiezan a escasear, aunque todavía no hemos necesitado de echar mano del agua que llevamos. Sin embargo, no tardaremos en hacerlo ya que el calor, la pendiente y el esfuerzo nos hace romper a sudar enseguida.

Por el momento, la rodilla va bien. Ya sabía que en las cuestas arriba no habría problemas.

Miro mi pulsómetro y veo que mis pulsaciones se disparan un poco, pero todavía dentro de unos límites más que buenos. Así, llegamos a la cima de esta pequeña primera cumbre y, al fin, por entre las copas de algunos pinos de repoblación vislumbramos la silueta piramidal de La Almenara. Aunque todavía no vemos claramente la atalaya que corona su cima.

Es curioso, si se ve este monte desde el norte (desde el San Benito, por ejemplo), su silueta es piramidal, pero desde el sur, sus líneas se desdibujan…

Bajamos hasta el collado que nos separa de la última subida, y encontramos que el sendero asciende ligeramente siguiendo la ladera por la izquierda en vez de ir directamente hacia arriba. Desde luego, los hitos son claros por todo el camino, así que dejamos de lado nuestras dudas y seguimos hacia adelante.

Aún no vemos las antenas del centro aeroespacial, pero poco falta para poder vislumbrarlas.

Efectivamente, algunos minutos después, por fin vemos el complejo de comunicaciones y aprovechamos para hacer un pequeño alto y algunas fotos. También, frente a nosotros vemos la atalaya de la cumbre y los dos vértices geodésicos. Ya queda poco.

Nos dirigimos directamente hacia la base cimera y hacemos unos últimos esfuerzos para ver el conjunto de rocas que tendremos que trepar en unos instantes. La rodilla sigue bien y, a pesar del calor, no estamos cansados.

Tan solo hay un problema: no vemos hitos para llegar arriba.

Yo le indico a Amador que deberíamos intentar ascender por la zona rocosa de la izquierda y, sin pensárnoslo mucho, nos lanzamos al ataque. La trepada resulta muy divertida, aunque en un punto nos hace plantearnos seriamente si darnos la vuelta para buscar otro acceso porque es una zona muy expuesta con algo de musgo. Y todavía no me fío que mi rodilla sea capaz de reaccionar bien en una postura extraña.

Usando las manos y demandando un poco más de esfuerzo a nuestros cuádriceps, al fin llegamos a la cima.

Lo hemos conseguido.

Las vistas desde la cima son una chulada. Comprobamos que vemos Madrid y Toledo desde aquí, así que las historias del fuego de la atalaya sobre la que me encuentro pueden ser ciertos.

Bajo nosotros, los radiotelescopios continúan su paciente exploración del cielo. Sin apenas moverse.

Y yo contemplo el horizonte realmente contento porque la prueba está resultando muy buena, a la espera de cómo vaya el descenso (siempre más duro para las rodillas). Hago fotos, me detengo a fijar mi mirada en las lejanas cumbres de Guadarrama… y me deseo suerte para bajar.

Para salir de allí encontramos los hitos que no vimos a la subida, pero tampoco es que sea un paseo cómodo y me obliga a forzar la rodilla. Siento algunos pinchazos, aunque se que los músculos no están todavía a pleno rendimiento, y que la zona operada todavía está “dolorida” a pesar de los cuatro meses transcurridos. Después de todo, han serrado el hueso…

Enseguida llegamos a la ladera del monte y volvemos por el mismo camino, pero esta vez siempre en bajada.

“Siento” la rodilla, pero tras más de media hora de bajada soy consciente que hace unos meses habría sentido dolor. Por tanto, parece que la cosa está más o menos bien.

Vemos el pueblo al llegar la última cuesta. Abajo el primer collado y la valla metálica. Nos queda poco.

Se que aún me quedan un par de meses de recuperación, pero estoy bastante satisfecho del resultado del test de hoy. Si todo va bien, en un par de días me voy de vacaciones e intentaré ascender una cumbre más importante. Entonces veremos cómo va esto con un examen más serio.

Por el momento, tan solo pienso ya en la cervecita y en la barbacoa que me espera en un rato…

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