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El Obispo & Revolcadores

El Macizo de Revolcadores (conocido también como Sierra Seca) es la cima más elevada de la región de Murcia. Tradicionalmente se ha considerado que el Pico de Revolcadores era el más alto, con 2.027 metros de altura; pero en las mediciones de los últimos mapas del CNIG (Centro Nacional de Información Geográfica de España) Revolcadores figura con 1.999 m y es una cumbre del mismo macizo, ligeramente más septentrional, la más elevada: El Obispo, con 2.015 metros de altitud.

El Obispo y el RevolcadoresEl pico de Revolcadores posee un relieve kárstico muy peculiar, con numerosas simas y cavidades fruto de la erosión de la roca caliza. Parte del macizo está declarado como Zona de Especial Conservación (ZEC), incluida en la Red Natura 2000, y atesora una gran diversidad de flora y fauna y una gran riqueza en endemismos y especies catalogadas en la flora protegida de Murcia, como Santolina Elegans o Thymus Funkii subspecie sabulicola.

Las cumbres de Revolcadores son bastante llanas, de aspecto poco llamativo ya que el macizo se alza desde una base que se encuentra ya a bastante altitud (unos 1.200 metros aproximadamente). En sus lados sur y este no presenta pendientes escarpadas, siendo mayor el desnivel de su vertiente oeste, que da al Valle de la Rogativa.

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Localización: Puerto Hondo (Cañada de la Cruz)

Tipo de Ruta: Montañismo

Longitud: 3,5 kilómetros (aproximadamente)

Duración: 2 horas y 20 min.

Época recomendada: Todo el año

Dificultad MIDE:  → mide_obispo&revolcadores

Equipación mínima: Bastón, mochila, botas de trekking y agua. (más info…)

Ruta GPS:

El Obispo & Revolcadores

Recomendaciones:

  • No hay agua potable en el recorrido así es recomendable llevar 1 litro de agua en la mochila.
  • La zona boscosa está bien señalizada, tan solo hay que prestar atención a los primeros cruces tras dejar el asfalto. Tendremos que tomar el segundo conjunto de hitos y no el primero.
  • Según la época del año este macizo puede verse salpicado por intensas nieblas o incluso nieve. Que no os confunda su ubicación en la península. Precaución.

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Quién podría decir que en una montaña situada en Murcia podría hacer mal tiempo, e incluso nevarte, dada su posición en el mapa.

Sin embargo, precisamente por su posición, “cerca” de Sierra Nevada y con otras sierras de menor altitud a un alrededor, es un imán para los frentes que recorren la zona.

Siguiendo con mi viejo proyecto de coronar los diecisiete techos de España, llevo varias semanas intentando acercarme hasta aquí para quitarme de enmedio esta montaña, aparentemente sencilla pero lejana de mi casa. Sin embargo, las lluvias de una primavera heredera de un invierno tardío me lo han impedido.

Final de pista y aparcamiento

Hoy he decidido arriesgar y acercarme hasta aquí sin tener muy claro de si podré subir a lo largo de esta jornada o si tendré que pernoctar a la espera de mejores condiciones.

He dejado el coche en el llamado Puerto Alto, al final de una pista asfaltada que sale del pequeño pueblo de Cañada de la Cruz, con ciertos aires andaluces, y veo como las únicas nubes negras que parecen no querer salir de Murcia están aquí cerca arraigadas.

El viaje ha sido largo y con inquietantes nubes acompañándome hasta que dejé atrás Albacete. Después, el cielo escampó y me las prometí felices hasta que he llegado aquí.

Inicio de la ascension

No tengo muy claro qué hacer porque algunas gotitas de lluvia caen ahora sobre mi, pero me digo a mi mismo que si espero a que el tiempo mejore y luego no mejora, el viaje y la paliza habrán sido en vano.

Así, confío en mi suerte y en mi experiencia con el clima y decido arriesgar de nuevo. Al menos para ver por donde circula el camino. Si llega a llover mucho, siempre me puedo dar la vuelta.

Es imposible, dijo el orgullo.
Es arriesgado, dijo la experiencia.
No tiene sentido, dijo la razón.
Inténtalo… dijo el corazón.

La fortuna favorece a los locos, dicen… o a los necios.

Primer desvio

Primer cruce: no desviarse

Tomo un amplio sendero que sale algo más atrás del final de la pista asfaltada y voy remontando las primeras laderas.

Casi enseguida encuentro un primer cruce marcado con hitos que he leido en algún sitio que no se debe tomar. Compruebo mi GPS y veo que, efectivamente, si me desviara ahora del camino bajaría de nuevo hacia el pueblo.

Segundo desvio

Segundo cruce: desviarse

Camino atento a nuevos hitos y veo por fin un segundo cruce en donde los hitos se adentran en la espesura. Allí abandono el camino principal y me interno en el bosque.

El camino es estrecho y a cobijo de las ramas, que a veces pueden resultar molestas. No obstante, hay hitos a cada pocos metros y resulta evidente que sigo el camino correcto.

De repente, noto como pequeñas gotas de agua golpean mi espalda. No parecen muchas por el momento aunque si continúa de forma constante acabaré empapado a pesar de llevar buena ropa aislante.

Aún así, decido seguir adelante mientras mantenga el resguardo de los árboles, aunque acelero el paso por si la cosa se pone fea. Quizás esté cometiendo un error, pero mi instinto me dice que esto no va a llegar a más. Al menos no más de lo que haya vivido en Picos de Europa más de una vez.

Subo sin prisa pero sin pausa. Tan solo deteniéndome en un par de ocasiones para recuperar el aliento y ver como evolucionan las nubes que entran desde el noroeste. Precisamente desde Sierra Nevada.

Vistas al norte

Poco a poco se me están echando encima, pero veo que no me estoy mojando en exceso. Me repito, como tratando de justificarme a mi mismo, que la cosa no va a ir a más; aunque probablemente me cubra la niebla en la zona de cumbre.

Es una verdadera pena porque no creo que pueda ver mucho paisaje hoy. Pero me conformo con quitarme una cumbre más de mi proyecto y apreciar otros regalos que la montaña me hace, como unas pequeñas flores que no recuerdo haber visto anteriormente en otros lugares.

CarquexiaCreo que es una genciana sagitalis, una carquexia, pero no me atrevería a jurarlo. Lo que se es que es preciosa y que supone un bonito regalo de este lugar, para compensarme por el clima.

Mis pasos me llevan en constante ascensión hasta ver claramente a mi derecha el Barranco de los Obispos y frente a mi, a lo lejos, un muro de piedra que me indica que estoy en el buen camino y cerca de la cima. Mi media de tiempo es muy buena y creo que voy a conseguirlo sin mayores dificultades.

El viento arrecia y contemplo como las nubes tapan definitivamente la cumbre del Revolcadores.

La ascensión es muy empinada, sin apenas descansos, pero no reviste dificultad y, a pesar de todo, si las nubes aguantan así… todo irá bien.

Barranco de los Obispos

Casi de improviso, el paisaje se suaviza y se abre ante mi una llanura. Ya no hay nada más por encima de mi cabeza. Estoy a pocos metros del final.

Apenas unos solitarios árboles salpican la zona.

Yo me encamino hacia mi izquierda, a la zona donde mi GPS me marca que está el vértice geodésico del Obispo, el techo de la Región de Murcia.

Cumbre del Obispo

Finalmente llego a la cumbre, adornada con un bonito buzón de madera que explica detalles sobre la flora local, y, a pesar del frio, la montaña me hace un nuevo regalo. Como queréndome decir, “vale, amigo, tu voluntad y tu suerte han sido más fuertes y te lo has ganado“, las nubes se abren un poquito y me dejan ver algo del paisaje hacia el este.

Gracias a esta pequeña tregua, acierto a ver también la cumbre del segundo techo de Murcia. No estaba seguro de si estaría lejos o no, ni de si iba a poder llegar por culpa de la niebla; pero ahora veo que tan solo está a unos cinco minutos de aquí y gracias a esta pausa climática podré llegar hasta él para llevármelo también a casa.

Hacia Revolcadores

No vaya a ser que el IGN decida cambiar de nuevo las alturas de ambos picos y por tanto la categoría de “techo” a uno de los dos.

Cuando paso por el collado que separa a las dos cumbres, veo una pequeña cueva que, al menos, me protegería de un viento cada vez más frío y que confirma mis sospechas sobre la curiosa composición caliza de toda la montaña.

Yo continúo adelante para no perder calor y no tardo en llegar a mi segunda cumbre que, según modernas mediciones, no llega a los dos mil metros, por tan solo uno.

Cumbre del Revolcadores

Aquí puedo contemplar de nuevo algo de paisaje y permanezco unos segundos intentando disfrutar del momento y de haber tachado otro “pico” de mi lista de objetivos.

Sin embargo, el disfrute es solo momentáneo, porque el fresco es intenso y me roba temperatura a toda velocidad. El ambiente es tan frío que según vuelvo al collado, me doy cuenta que lo que me golpea ya no es lluvia, sino… ¡nieve! Quien me lo iba a decir.

Me apresuro para llegar al amparo de los árboles y la niebla vuelve a cerrarse sobre mi. Ya está bien de regalos.

Hacia el Obispo

Afortunadamente, encuentro el camino de descenso y vuelvo a entrar en el bosque donde la sensación térmica aumenta de grados gracias a que no soy azotado de lleno por el viento. Aún tengo que regresar al coche, pero tengo la sensación de tener en la mano la victoria final.

Según voy descendiendo certifico que las previsiones del tiempo, más o menos, se están cumpliendo. Es casi la hora de comer y las nubes parecen retirarse lentamente para dejar paso al sol. Quizás tendría que haber esperado para ver algo de paisaje arriba, pero siento que he hecho lo que debía. He apostado y me ha salido bien. Con el tiempo en la montaña, nunca se sabe.

Aparece el sol

Ahora solo me resta comer y volver para Madrid. En menos de once horas habré “bajado” hasta aquí, habré escalado esta montaña y habré vuelto con mis niñas.

Quizás no haya disfrutado como otras veces, pero si puedo volver hoy mismo a casa… quiero hacerlo. Ya habrá otras ocasiones para disfrutar de las vistas y de las sensaciones que se tienen allá arriba…

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