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Peña Cabarga

La Peña Cabarga es un macizo calizo situado en Cantabria y que configura el Parque Natural del Macizo de Peña Cabarga, cuya aprobación está pendiente desde 2005. Tiene una altitud máxima de 569 metros en la cota denominada Pico Llen, cumbre del macizo.

El monte se localiza paralela a la orilla sur de la bahía de Santander. Su ladera norte está ocupada por cultivos y prados en su parte baja y por roquedos de roca caliza en la zona más elevada (destacan las formaciones kársticas). En el nivel intermedio crecen eucaliptos de repoblación, encinas y otra serie de bellos bosquetes, que sirven de hogar a numerosa fauna local.

Peña Cabarga & Bahía

Existen numerosos yacimientos de óxido de hierro explotados desde la época romana (no en vano las fuentes clásicas calificaban a esta formación como «la montaña de hierro») hasta 1988. La disolución de la caliza ha originado un gran lapiaz de importante superficie con una topografía de grandes columnas calcáreas, arcillas de descalcificación y nódulos de óxido e hidróxido de hierro. Este lapiaz está declarado como Punto de Interés Geológico desde 1983.

En su ladera sur, en una de estas zonas mineras, se extiende el famoso Parque de la Naturaleza de Cabárceno, y en su cumbre se ubica un mirador junto al Monumento al Indiano desde el cual se puede observar gran parte de la costa de Cantabria e incluso los Picos de Europa. Además, en el mirador superior del monumento hay una cámara oscura en la que el visitante puede ver panorámicas de la bahía de Santander, pudiendo llegar alcanzar en días despejados las provincias limítrofes de Vizcaya y Burgos.

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Localización: Santiago de Cudeyo (Bº de La Cotera)

Tipo de Ruta: Senderismo

Longitud: 7 kilómetros (aproximadamente)

Duración: 2 horas (Ida y vuelta)

Época recomendada: Todo el año

Dificultad MIDE:  → mide_penacabarga

Equipación mínima: Bastón, mochila, botas de trekking y agua. (más info…)

Ruta GPS:

Peña Cabarga (Pico Llen)

Recomendaciones:

  • No hay agua potable en el recorrido y, aunque es una ruta corta y poco exigente, siempre conviene llevar algo de agua.
  • A través de la Ruta nº2 es normal encontrar ganado suelto. Esto no supone ningún peligro salvo que encontremos crías con sus madres, en cuyo caso, hay que prestar cierta atención.
  • En algunos tramos del sendero (sobretodo en las zonas altas) hay mucha vegetación o rocas “lavadas” por el agua. En días húmedos hay que caminar con cuidado por estos puntos e incluso echar las manos para no resbalar.

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Nota: Dado que parte de la ruta se hizo de noche, algunas de las fotos se efectuaron ya en bajada para poder mostraros referencias visuales útiles que os sirvan de orientación si hacéis este camino.

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Entre mis primeros recuerdos siempre ha estado la Bahía de Santander y las montañas que tras ella se elevaban, gigantescas a los ojos de un niño como yo.

Entre todas ellas, una siempre atraía mi mirada, mis padres la llamaban La Peña Cabarga. Y siempre soñé con subir hasta allí para ver qué se veía desde su cumbre.

Siendo ya mayor lo hice varias veces en coche, con familia y amigos, pero hasta este momento nunca había tenido la oportunidad de hacerlo como se debe: andando.

Santander en la noche

El sol aún no ha salido y un manto de estrellas es lo único que se extiende por encima de mi cabeza. Orion marca mi rumbo.

La estampa que forman los astros con las luces de la ciudad y los pueblos que se desparraman por toda la costa hacen de este momento, antes de penetrar en la oscuridad del bosque, un momento único.

Esta va a ser una ascensión sin dificultad. Un simple paseo. Un disfrute para los ojos.

Pero, aún así, será una ascensión triste.

Camino de ascenso(fotografías realizadas en el descenso)

Camino sin prisas por la pista que me lleva serpenteando a través de la montaña, dejándo tras de mi un depósito de agua y alguna que otra vaca que me asusta al confundirse en la noche con los matorrales donde trata de dormir.

Cuando preparé mi mochila antes de venirme al norte, no contaba con empezar mi travesía tan temprano así que no metí mi frontal. Al no haber luna y caminar rodeado de árboles, la visibilidad es nula y mis ojos no se acostumbran a la falta de luz; así, durante un rato, tengo que caminar con la iluminación que me proporciona mi teléfono móvil.

Así, poco a poco, sobrepaso un par de cruces de caminos que efectúo siempre hacia la izquierda, siguiendo las indicaciones que el municipio de Cudeyo ha colocado en la montaña. “Ruta 2“, si deseais seguir mis pasos…

Cruces(fotografías realizadas en el descenso)

El cielo comienza a aclarar y yo me detengo a hacer algunas fotos de la ciudad, antes que despierte.

Escucho el rumor de las carreteras circundantes. Pero mis sentidos solo se centran en el olor a verdor y a salitre, acompañados del sonido del cencerro y las gaviotas.

Este es mi lugar en el mundo…

Muchos no lo hallan en toda su vida, pero yo lo supe desde niño. Mientras me bañaba en las playas del Sardinero, paseaba por los Jardines de Pereda o contemplaba las “Tetas del Liérganes” comiéndome unos churros con mis padres.

Pradera de treboles

Dejo atrás una pradera repleta de tréboles y me pregunto si me darán suerte para cumplir mis sueños.

Quizás algún día pueda volver y asentarme definitivamente aquí.

Mis pensamientos vuelan mientras el camino se estrecha tras sobrepasar unos árboles. La pista se convierte en senda y pronuncia su subida. A pesar de la poca luz, apago definitivamente mi teléfono y dejo que mis ojos se acostumbren al albor del día.

Así, al menos, podré estar más atento a mis pasos y no resbalaré. Las rocas y la hierba están húmedas. Un traspiés podría hacerme caer.

Amanece por el este

El cielo se vuelve multicolor. De azules a naranjas. Me encuentro con un rebaño de vacas tudancas cuya silueta se recorta en luz violácea. Las he despertado. Pero las calmo con una sonrisa y continúo mi camino.

El paisaje a partir aquí me sorprende sobremanera.

No esperaba encontrarme con un bosque que crece entre rocas calizas, helechos y dolinas. Su paleta está cambiando. El otoño hace su trabajo.

Panoramica del bosque(fotografía realizada en el descenso)

Me adentro en la floresta, más auténtica que la repoblación de infames eucaliptos de abajo, y disfruto con cada paso. Memorizando cada sensación. Deseando que la casa que disfruté desde niño, una que realmente pude considerar mi hogar, no se hubiera perdido en el transcurso de estos últimos días.

No quiero emocionarme. Ya está siendo bastante duro haber venido a recoger los recuerdos de mis épocas más felices. Se que volveré, y que esto no es una despedida. Pero…

Pico Llen

Veo la cumbre cuando dejo atrás los árboles. Las rocas calizas se extienden por el este de “la montaña de hierro” formando un paisaje que no esperaba y que me encanta.

Quién pudiera disfrutar de estos paisajes cada día…

Algunos no saben la suerte que tienen.

Sigo subiendo tranquilamente, el camino ha sido siempre claro, y al fin llego a la cumbre. A esa que muchos conocen por los finales de etapa de la Vuelta Ciclista a España. Pero que para mi es algo más.

Panoramica de Santander

Santander y la costa se extienden hacia el norte. A izquierda y a derecha.

Ya no hay luces en las calles. La ciudad se despereza…

Montes Pasiegos

Hacia el sur, los preciosos Montes Pasiegos. Nieblas en los valles. El Castro Valnera, Porracolina

Permanezco allí un rato. Capturando cada línea del paisaje en mi memoria. Cada olor. Cada sonido.

A cada segundo mi determinación se sobrepone a mi tristeza: volveré. Y volveré para quedarme.

Inicio el descenso sin ninguna prisa. Mi mente bulle con los recuerdos. Amigos, risas… familia… una vida feliz; momentos que ya no volverán… y otros que buscaba para mis hijos y que ya  no podrán ser. O que serán más difíciles de dibujar.

El sol logra al fin imponerse a las nubes y las sobrepasa en el horizonte.

Finalmente, no puedo evitar llorar.

Amanece sobre el lapiaz

Continúo bajando, sobreponiéndome al momento. Han sido dos semanas muy duras. Demasiadas cosas perdidas, no solo una casa.

Pero el estar aquí es una buena despedida. No. Un “hasta luego”. Dicen que las lágrimas purifican el alma y así lo creo ahora. Hago mías las palabras de Gerardo Diego, con un poema que dedicó a su casa perdida en el terrible Incendio de Santander de 1941…

Ni ascua ya, ni ceniza ni pavesa;
aire en el aire, luz en el sobrado
de la santa memoria. Aquel tejado,
trampolín de aquel sueño que no cesa;
vuelve la golondrina y embelesa
con su trovar mi oído enamorado,
y está el cielo del Alta serpeado
de altas cometas que el nordeste besa.
¿Todo es ya nada? El fuego ¿también puede
devorar la ilusión, lo que no cede?
A ese alado ladrón ¿no hay quien le ladre?
Nada es ya todo. Viva está mi casa.
Es verdad. No te has muerto. Un ángel pasa
por tus ojos azules, madre, madre

Volveré…

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