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Peña del Oso

La Peña del Oso es una de las montañas más altas de la Sierra del Quintanar (adyacente a la de Guadarrama) y del ramal montañoso de La Mujer Muerta. Tiene una altitud de 2.196 metros y se considera “hermana” del Pico de la Pinareja, el más alto de todo el cordal.

Como ya hemos mencionado en otras páginas, a este formación montañosa se le llama así porque, visto desde Segovia, se asemeja mucho a la silueta de una mujer que yace muerta en el suelo.

En la vertiente sureste de La Mujer Muerta está el Valle del Río Moros, una zona cubierta por espesos bosques de pino silvestre. Este tipo de bosque también lo hay en la vertiente este de la sierra, la cual está dentro del Valle de Valsaín. A una altura superior a 1.900 metros, abundan los roquedales y las praderas alpinas salpicadas de matorrales bajos de alta montaña.

Los canchales que se extienden en las laderas de estas montañas son los más extensos de la Sierra de Guadarrama al superar ligeramente las 400 ha.

Aunque nosotros esta vez hemos realizado la ruta desde el Puerto de Pasapán, aquí disponeis del mapa de la ruta desde La Panera. Más larga y dura… pero más completa:

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Localización: Estación de El Espinar

Tipo de Ruta: Montañismo

Longitud: 19 kilómetros (aproximadamente)

Duración: 6 a 7 horas

Época recomendada: Todo el año

Dificultad MIDE:  → mide_PeñaDelOso

Equipación mínima: Bastón (raquetas), mochila, botas de trekking y agua. (más info…)

Ruta GPS: Peña del Oso

Recomendaciones:

  • No hay agua potable en el recorrido, así que es recomendable llevar agua en la mochila.
  • La ruta puede realizarse en cualquier época del año pero en invierno puede ser recomendable usar raquetas de nieve para poder progresar.
  • Esta ruta puede realizarse en parte en BTT desde Cercedilla. Aunque su dureza hace imprescindible tener experiencia en esta disciplina.

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Hemos llegado a Ortigosa del Monte (Segovia) con una hora de retraso, porque mi compañero Amador se ha equivocado con la guía de carreteras… Sin embargo, espero que eso no nos impida llegar a la cima por culpa del calor.

Es pleno mes de agosto y aún es temprano, son las nueve de la mañana. Hemos remontado la pista que sale desde la fábrica de agua de Bezoya, que está en la M-603, y estamos junto a unas cuadras donde una verja nos cierra el paso y nos impide seguir camino.

Verja Ortigosa
Unas buenas mujeres nos han indicado que no es posible llegar con el coche a través de la pista forestal hasta el Puerto de Pasapán (nuestro objetivo de comienzo inicial), porque la gente de ICONA lo tiene vedado. Es una mala noticia porque vamos a hacer más horas de pateo por esto, pero, a pesar de ello Amador y yo hemos decidido intentarlo aunque sea remontando todo el desnivel inicial a pie.

Tras reconocer el terreno durante unos minutos, yo estoy casi convencido de remontar un cañón hacia el S/SE, pero es un paisano muy amable el que nos certifica que ese es el camino correcto.

Menos mal, si hubieramos elegido la segunda opción, una senda más ancha que remonta hacia el S/SO, habríamos llegado al mismo punto, aunque  dando mucho rodeo.

Ante nosotros se extiende el cordal de la Mujer Muerta…

Son muchas las leyendas acerca de estos parajes, algunas hablan del oro que los musulmanes escondieron cerca de la Peña del Oso, y varias otras coinciden en que estas moles son el resultado de la transformación que experimentó el cuerpo de una doncella que murió del mal de amores cuando su caballero partió para la guerra, olvidando cumplir la promesa de volver junto a ella.

Una de ellas, con tonos pastoriles, relata el amor de la bella hija de un granjero y un pastor de las cercanías. Éste al creer ver en otro pastor un posible rival, ciego de ira y celos lo mató, y acabó al mismo tiempo con el objeto de sus deseos. Pocos días después, en medio de una terrible tormenta la tierra tembló y apareció como por ensalmo esa gran mole rocosa, que recibió ese nombre.

Mientras caminamos siguiendo el curso del arroyo que baja desde la izquierda del camino (pero nosotros siempre dejándolo a nuestra derecha), pienso en estas leyendas mientras siento el roce del viento de la mañana en mi cara.

Arroyo hacia "el Oso"
Se nota además que este año ha habido agua abundante porque la sierra está verde y los arroyos bajan con bastante agua a pesar de ser verano.

Algunas moscas y tábanos nos molestan en nuestros andares, pero no es tán pesado como hace un tiempo en el Pico Lobo. Para mi, esta excursión es una manera de relajarme. “Después de la expedición que he hecho a Pirineos, coronando el Aneto, hace un par de semanas, esto es tan solo un paseo”, pienso. Además, se trata de un pico que tenía pendiente ya que en invierno no llegamos hasta él después de coronar La Pinareja.

Seguimos una senda que parece desaparecer en un par de ocasiones mientras cruzamos algunos pastos de ganado.

Tras cruzar el río por dos puntos, seguimos remontando el valle dejando el río siempre a nuestra derecha.

Nuestros pasos nos llevan hasta un pinar al que debemos acceder cruzando una valla cerrada para evitar que las vacas se escapen. Es la segunda que encontramos hasta aquí. Desde este punto, el sendero se vuelve más difuso…

Segunda valla
Sin embargo, gracias a las indicaciones del paisano y la ruta que he memorizado anoche seguimos encaminados con paso firme hasta el puerto.

Nos elevamos un poco trepando un par de terrazas de árboles para alcanzar una vieja pista en desuso y seguimos adelante, no sin antes marcar el punto de acceso con un gran hito. Después de un rato, salvamos unas rocas que se elevan sobre el riachuelo y que nos muestran por fin la senda forestal que usa actualmente la gente de ICONA para recorrer toda la sierra. Se encuentra al final de dos pinares de reforestación y un pedregal que cae desde el Pico de Pasapán.

Tras cruzar una turbera (son cuencas que actualmente están repletas de material vegetal más o menos descompuesto) seguimos la línea de árboles ya que en este lugar el sendero prácticamente ha desaparecido.

Hemos alcanzado la pista, no sin algo de esfuerzo, y frente a nosotros una pequeña camada de vacas está descendiendo e impidiéndonos el paso. Un buey alza la cabeza desafiante. Aún recuerda su instinto bravo… pero después de agitar unas varas frente a ellos, todos corren a refugiarse algo más abajo, cerca del agua.

Al cruzar una nueva valla, seguimos por la pista forestal, sabedores de estar en buen camino. Tras recorrer caminos poco definidos y pararnos varias veces a reconocer el terreno, hallarnos aquí nos da seguridad y tranquilidad en nuestros pasos.

Aún así, aún tenemos que esquivar a una vaca que parece no estar muy contenta con que compartamos su camino, y seguimos rumbo al puerto. Ya nos queda poco para llegar.

El ronroneo del agua casi no se oye aquí, lo ha sustituído el piar de los gorriones y el mugir reverberado de las vacas por los cañones de la sierra.

Puerto de Pasapan
No tardamos por fin en alcanzar el Puerto de Pasapán, aunque nos ha llevado casi dos horas desde el coche. Dos horas más que si la pista estuviera abierta.

Unas águilas vuelan bajo sobre nosotros…

En el puerto encontramos la senda que viene desde La Panera y un viejo cartel que indica que por aquí cerca debe haber un viejo refugio de caza. Aguila cerca del Pico del OsoLa pista forestal continúa hacia el sur, descendiendo hacia el Río Moros (una ruta bastante frecuentada por gente aficionada a la bicicleta de montaña).

Sin embargo, nuestra ruta recorre ya todo el cordal. Tan solo debemos seguir las marcas amarillas, dejando siempre a nuestra izquierda la valla de alambre de espino, y las mugas provinciales.

Tras reponer un poco de agua iniciamos el ataque definitivo.

En el sur, algunas nubes nos inquietan. Aunque parecen cirrocúmulos parece que en la lejanía están descargando. Ya veremos qué pasa. Vemos por fin la Peña del Oso y no nos vamos a retirar tan cerca de nuestro destino.

La primera parte del ascenso es una ruta muy bonita a través de un camino salpicado de azafrán y unas pocas trepadas, nada difíciles, pero que hacen el camino entretenido.

Trepada en Pasapan
Me siento muy fuerte. Apenas he sudado nada y el viento circula con fuerza de Madrid a Segovia. El camino se hace agradable. Recuerdos de Pirineos vienen a mi mente y doy gracias por esa experiencia que ahora me hace subir a toda velocidad hasta el pico. Aunque más gracias doy aún por no llevar tanto peso como aquella vez…

Mientras me ayudo de las manos para trepar estas rocas mi mirada se vuelve hacia las nubes que entran desde el SO, y que cada vez se vuelven más oscuras. El viento me llega frío…

Esto me trae a la mente otra leyenda (que en algunos relatos es protagonizada por una madre y dos hermanos) que indica que, en tiempos remotos, dos caballeros se disputaron el amor de la misma mujer y comenzaron una lucha a muerte; la mujer, intentando separarlos, se interpuso entre ellos mientras luchaban y fue atravesada por las espadas de los dos pretendientes.

Tras su muerte, durante la noche, se desencadenó una terrible tormenta que modeló los montes cercanos con agua y viento para formar la figura de la mujer asesinada.

Solo espero que en esta ocasión no haya ocurrido nada parecido en los valles y no se desencadene ninguna tormenta sobre nosotros, porque aquí estamos vendidos.

Cumbre del Pasapan
Por fin alcanzo la cumbre del Pico de Pasapán (2.005 m) y tras esperar a mi compañero (que va bastante retrasado) y descansar un poco, nos ponemos en camino para encadenar nuestro segundo dos mil. Nos queda como mucho media hora de camino.

Amador está algo bajo de forma por haber estado convaleciente hasta hace Pasajepoco, así que me dice que me vaya adelantando si quiero, y eso hago para no romper mi ritmo, aunque sin perderle ni cinco minutos seguidos de vista.

La última parte de la ascensión la llevamos a cabo a través de algunos pastos de alta montaña en los que el sendero parece perderse por entre los arbustos. Pero es fácil de seguir gracias a los numerosos hitos que se pueden encontrar.

Bajo de mi, la presa del Vado de las Cabras y el Cañón del Río Moros. Enfrente: Siete Picos, La Bola del Mundo… Todo un espectáculo.

Nuevamente, debemos sortear a unos pequeños rebaños de vacas que descansan o pastan plácidamente, antes de encontrarnos con unos pequeños canchales que caen desde la cima. Paso incluso junto a una buena posición de vivac bajo una pequeña cruz metálica. Creo que ya puedo ver el vértice geodésico que se alza en la cima… eso me da aún más fuerza y subo más rápido.

Vivac en la Peña del Oso
Os prometo que estoy sorprendido de mi mismo por ir a esta velocidad y no estar muy cansado. Parece que el “entrenamiento” del verano me ha venido bien…

No tardo en llegar a la cima y saludar con la mano a los dos oseznos de piedra que cuidan del vértice geodésico. Uno de ellos está un poco destrozado por culpa de la intemperie… o de visitantes poco respetuosos. Uno más pequeño se conserva en perfecto estado y parece saludar con la mano al resto de la sierra.

Resulta increíble imaginar cuando por estos parajes existían los osos que dan nombre a esta cumbre. Lástima que la mano del hombre los haya casi extinguido hasta refugiarlos en pocos lugares del norte de España. La gente debería ser más consciente del símbolo que representan.

Cima del Oso
Tras las fotos de rigor, y echarle un vistazo a su “hermana mayor”: La Pinareja, cómo algo mientras le doy tiempo a Amador a llegar. Estoy convencido de que lo va a conseguir aunque vaya muy tocado. Solo por su orgullo…

Pero decido bajar a buscarle en cuanto termine mi sandwich, por si las moscas…

No hace falta, con unos quince minutos de retraso por fin le veo unos metros por debajo de la cima y le animo a llegar. El viento es muy fuerte aquí arriba, pero aún así me escucha y sonríe.

Por fin lo hemos hecho. Hemos coronado juntos la Peña del Oso y, sumada a la cima adyacente conseguida en primavera, podemos decir que hemos cubierto el Cordal de la Mujer Muerta.

No permanecemos mucho en la cima. Hay mucho viento y el cielo amenaza lluvia. Se está cerrando rápidamente. Mi compañero ha comido algo y ha descansado, pero me veo obligado a llevarle a un ritmo algo fuerte, por lo menos hasta el puerto, donde podríamos usar los árboles para cobijarnos.

Vado de las Cabras
A pesar de bajar cansados por tener que ir de vez en cuando de piedra en piedra, él responde bien y no tardamos en llegar al puerto. Nos han caído cuatro gotas, pero no parece que al final nos vaya a caer un chaparrón encima. De aquí hasta abajo estaremos más a cubierto y será más sencillo.

Continuamos por la pista por la que hemos subido, aunque atajamos por el camino que antes habían tomado los bueyes para llegar hasta el arroyo.

Cuando volvemos a penetrar en los pinares, increíblemente, el cielo vuelve a abrirse. Parece como si nos hubiera dado una tregua para alcanzar la cima sin sufrir al sol. Pero ahora nos va a arrear un poquito a cambio. Se cumple de nuevo esa máxima que dice que “cuando llueve en Madrid, en Segovia hace sol“.

Primer valle
Y vaya si hace sol, el camino de bajada casi se nos hace más largo por culpa de él y el calor que está haciendo. Nos quedamos sin agua a un par de kilómetros del coche.

No es preocupante…

Por fin, después de casi seis horas y media de travesía, vislumbramos las cuadras donde descansa nuestro coche. A la derecha del camino vemos Casa de pastortambién una curiosa casa que se oculta al viajero entre los árboles. Parece sacada de un cuento de hadas…

Con ese pensamiento, me despido de la hermosa mujer de roca que yace en las montañas: “Descansa eternamente en paz… no volveremos a turbar tus sueños…”

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