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Penyal des Migdia (Puig Major)

El Penyal des Migdia es un pico montañoso de la isla de Mallorca, adyacente al más conocido Puig Major de Son Torrella (a veces confundido con él), que alcanza 1401 metros de altura en su punto más elevado. El mencionado Puig Major (a veces también, Puig Mayor) es el punto más elevado de la isla de Mallorca y también de las Islas Baleares. Alcanza los 1.445 metros de altitud y ambos están situados en la Sierra de Tramuntana.

El Penyal ocupa la segunda posición en cuanto a altitud del archipiélago balear, a pesar que determinadas publicaciones erróneamente consideran como segunda cima de la isla al Pico de Masanella. Su cara suroeste mira hacia el valle de Sóller, con un precipicio de más de 500 metros de caída libre, que frecuentemente es utilizado como zona de escalada, motivo por el cual en más de una ocasión se ha registrado algún accidente en la zona por parte de excursionistas.

EVA7_PuigMajorDado que en la cima del Puig Major se halla actualmente una instalación militar, un radar, dependiente del Ejército del Aire y el Mando Aéreo de Combate; el Penyal es la máxima altura de las Baleares a la que puede accederse sin restricciones.

Estas instalaciones son las del: Acuartelamiento Aéreo Puig Mayor/Estación Vigilancia Aérea nº7 (EVA-7). Estas instalaciones se construyeron como consecuencia de la Guerra Fría, con el I Convenio de Amistad, Defensa y Cooperación entre España y los EE.UU., firmado en 1953 , en donde se pacta la instalación de un radar en la cima del Puig Major para el control aéreo por parte de la OTAN del Mediterráneo Occidental.

Como consecuencia de la existencia de estas instalaciones el ascenso a esta montaña está restringido y se debe solicitar un permiso (que hoy en día ya no se concede, aunque no está de más intentarlo) para poder deambular por la zona. El permiso puede solicitarse enviando un FAX al número 971 637 047 con una petición formal que incluya los datos de los montañeros implicados en la ascensión y la fotocopia de sus DNI´s.

De concederse, el permiso solo se otorgaría por un día.

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Localización: Km. 38 Crta. MA-10 (Fornalutx)

Tipo de Ruta: Montañismo

Longitud: 5 kilómetros (aproximadamente)

Duración: 4 horas

Época recomendada: Todo el año

Dificultad MIDE:  → mide_PenyalDesMigdia

Equipación mínima: Bastón, mochila, botas de trekking y agua. (más info…)

Ruta GPS:

Penyal des Migdia (Puig Major)

Recomendaciones:

  • No hay agua potable durante el recorrido, así que es recomendable llevar agua en la mochila.
  • El acceso se hace desde la carretera Ma-10, en las proximidades del km. 37,8, donde hay un pequeño puente bajo el que pasa un torrentillo. Aquí se inicia una pista ascendente, que nos adentrará en la Coma de n’Arbona.
  • Si logramos obtener el permiso de ascensión al Puig Major, es muy importante llevarlo junto a las pertenencias personales, por si, llegado el caso, nos es solicitado en algún momento. Puede solicitarse en el FAX nº: 971 637 047

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Que tus sendas sean sinuosas,
laberínticas, solitarias, y que conduzcan
a las vistas más sorprendentes.
Que tus montañas se adentren en las nubes
y asciendan por encima de ellas.

blanco

El techo de Mallorca deja en mi una sensación agridulce.

Dulce porque la ascensión por la Coma de n´Arbona ha resultado espectacular y he descubierto una montaña más que bonita a pesar de su escasa altura.

Agria, por no haber coronado el auténtico techo de las Baleares (aunque mi objetivo se encuentre en el mismo macizo, a pocos metros de él), pero el ejercito del aire lleva prohibiendo el acceso ya algunos años y no hay manera de llegar hasta allí. Agria también por las condiciones meteorológicas que me acompañaron, y que no me permitieron obtener la perspectiva de la isla que yo deseaba.

No obstante, la soledad, el camino y precisamente ese tiempo inestable y sus consecuencias, han hecho de esta experienca algo inolvidable.

Acceso MA10

Como ya mencioné con anterioridad, la ruta comienza junto a un pequeño puente de piedra. He dejado el coche algo más atrás (unos 200 m.) en donde entraba mejor, junto al Camì des Cingles, y molestaba menos.

Está amaneciendo, y las nubes que al fin veo intentar sobrepasar la Sierra de Tramuntana desde el sur no me inspiran mucha confianza. Esperaba algo de sol, pero el “hombre del tiempo” no está acertando mucho estos días. Espero que no llegue a lloverme, pero si que puede que encuentre niebla en altura. El ir solo no contribuye a tranquilizar mi espíritu, pero confío en mis decisiones y me adentro en el precioso bosque siguiendo una pista más o menos ancha hasta que termina por convertirse en una trocha que cruzará un arroyo, ahora seco, conocido como Torrent de Racó.

Hacia el arroyo

Más o menos tengo claro el camino porque la garganta de la montaña es evitente, aunque, a pesar de los hitos que a veces veo, la vereda se confunda en ocasiones.

La luz se torna de violácea a anaranjada según amanece. Pero me temo que hoy no me alumbrará el sol y pronto todo será gris.

Al menos, no hace el calor de días atrás en las playas…

Sigo adelante y veo delante de mi las agujas de roca de Sa Font des Coloms. Eso me asegura que estoy en el buen camino y las alcanzo rápidamente.

Font des Coloms

Aparentemente, este obstáculo podría superarse por cualquier punto pero decido continuar por su izquierda, remontando el aparente camino lleno de vegetación.

Gano altura con rápidez y mucho cuidado de no resbalar, para acabar entrando en el valle entre el Penyal des Migdia y la Serra de Son Torrella.

La visión es espectacular.

Los paredones de ambos conjuntos montañosos, combinados con la niebla, hacen del lugar un sitio mágico. Nada esperado en un lugar como las Baleares, sino más bien en un paisaje como el de Picos de Europa o Pirineos.

Lo malo es que aquí pierdo un poco la pista del camino.

Base de Sa Regana

Al principio camino por la base de los acantilados de Sa Regana (el camino correcto), al sur, pero el sonido de las cabras y algunos desprendimientos que producen por encima de mi me hacen cambiar de lado en el valle y remontar la pedrera de roca suelta que hay allí, con un tremendo esfuerzo por parte de mis piernas y brazos.

Pozo de nieve 1Ante todo, seguridad. Pero reconozco que este desvío me hace perder un tiempo valioso, y parte de mis fuerzas, al resbalar continuamente hacia atrás.

Veo algunas rocas marcadas con pintura amarilla, lo cual me indica que tampoco es un mal camino (que seguramente llegue a la famosa “Diagonal”, la vía que lleva a la segunda cumbre del Penyal por una estrecha chimenea de roca). Sin embargo, noto el cansancio y como las nubes se me echan encima poco a poco. Así que, decido cruzar de nuevo el arroyo y acercarme esa parte sur del valle donde afortunadamente encuentro el camino de herradura que pasa junto a los pozos de nieve de clots de neu.

Pozo de nieve 2A pesar de su sencilez, son unas construcciones hermosas estando aquí ubicadas. Y me consta que, aunque ya no se usen… algunos años aún conservan nieve hasta casi el verano.

Desde aquí todo parece más sencilo y continúo remontando el duro valle, serpenteando con la única compañía de mis pensamientos.

Ni siquiera los pájaros parecen querer volar hoy.

La niebla araña en ocasiones mi destino.

De nuevo, solo espero no mojarme.

Valle de Soller

Echo un vistazo atrás y veo por primera y casi única vez el precioso Valle de Sóller con el Mediterráneo tras él.

Estoy muy cerca del collado y la carretera de uso militar que da acceso al complejo del Puig Major.

Como no tengo muy claro como acceder a la “Diagonal” he decidido llegar hasta la pista asfaltada para subir al Penyal desde allí por otra ruta. Solo espero que no haya problemas si debo transitar algunos metros por ella.

Prefiero no dejarme ver mucho así que en vez de dirigirme al vallado que se ve en el collado, trepo por una pared de roca hasta llegar prácticamente a una curva en la carretera, en donde un cartel indica claramente que el paso está prohibido por “indicación” militar junto a otro que marca un área de recuperación de flora.

Una de tantas incongruencias que encontramos en España.

Hago caso omiso del cartel y avanzo veinte metros hasta un hito que me marca de nuevo el camino a seguir por la ladera del Penyal, alejándome del asfalto.

El silencio, el día gris y la cercanía de la instalación militar rodea a estos momentos de un inexplicable halo de misterio que con luz no habría aparecido. Me parece estar haciendo algo vedado, ilegal, para la mayoría de la gente tras recorrer un valle prácticamente abandonado. Como si fuera el único ser humano que queda en la isla y que sube aquí para encontrar una razón a su camino.

Laderas del Penyal

Por un momento las nubes que entran desde el sur se abren para dejarme ver la carretera casi en su totalidad. A lo lejos, en el valle, se vislumbran pastos con ganado, el Embalse de Cúber y, afortunado yo, el radar del Puig Major.

El entorno se me antoja hermoso a pesar de la fugacidad de las vistas.

Por instantes, las nubes están por debajo de mi. Mientras otras me cubren la cabeza.

La pirámide del Puig Major con su monstruo de metal en la cumbre parece tremendamente solitaria rodeada de esta magia. Me da pena no poder llegar hasta allí y mantengo mi rechazo a poner barreras a las montañas, más aún estas instalaciones.

Me recuerda mucho a la base de similares características situada en la cumbre del Picón del Fraile (1.619 m.), en los Valles Pasiegos de Cantabria. Las mismas razones que aquí, impiden a los montañeros acceder a esa cumbre y hemos de conformarnos con su cumbre secundaria.

Asciendo rápido. Estoy cerca de mi objetivo y el camino parece menos exigente aquí, aunque sigo sin fiarme del clima.

Y me fastidia tener razón… finalmente el tiempo me da un revés y noto como las primeras gotas de lluvia golpean mi rostro.

Subo casi corriendo e incluso escalo una pequeña pared para adelantar mi llegada a la cresta cimera.

Penyal des Migdia

El viento me empuja con fuerza cuando llego.

Al norte, nubes negras. Abajo no se ven el mar ni los valles; la niebla parece querer alcanzarme más deprisa que durante todo el camino.

Es como si la montaña me hubiera estado advirtiendo toda la mañana y quiera hacerme pagar ahora mi cabezonería.

Veo la afilada cresta que alcanza la cumbre principal del Penyal des Migdia. La más alta. Hoy no podré coronar la secundaria.

Comienza a llover con rabia y en pocos segundos estoy calado hasta los huesos.

No hay muchas fotos que hacer. Solo un último regalo antes que las nubes me envuelvan por completo.

Puig Major

No disfruto aquí arriba. Hace no mucho más de un día ha habido tormentas muy copiosas en la isla, acompñadas de aparato eléctrico. No me la quiero jugar más. Mis pensamientos vuelan hacia mis niñas; sin embargo esa parte irracional de mi duda un minuto si aguantar el chaparrón y ver si escampa para seguir aquí.

La sensación es… agridulce. Pero lo tengo claro. Más claro que muchos.

La vanidad se lleva cada año a bastante gente. Me pregunto cuantos montañeros son capaces de valorar una actividad o una situación así. La gente de la calle no puede.

Comienzo a descender y la lluvia parece ceder.

Miro atrás. ¿Escampará? No quiero subir de nuevo. No debo subir de nuevo.

Lo hecho, hecho está.

Panoramica del valle

Sigo bajando y sobrepaso la Coma de n’Arbona en dirección a los pozos de nieve. Esta vez el camino lo tengo claro.

Pero no el clima.

A mitad de camino veo como el Valle de Sóller se cubre por una evidente lluvia. Ya es claro que no llegaré seco al coche, aunque al menos no hay tanto peligro como arriba (cuan equivocado estoy).

Empiza a llover y camino de nuevo empapado. Llego a Sa Font des Coloms y veo de nuevo piedras pintadas. Esta vez me llevan por entre las dos agujas de piedra. Por donde bajaría el arroyo. ¿Será por aquí el camino correcto que perdí al subir?, me pregunto. Decido seguir la pintura y de repente, bajo la lluvia, me encuentro en una situación más que comprometida: tratando de descender por una pared mojada a dos metros del suelo. Si caigo no me mataré, pero seguramente me haga un buen estropicio en una pierna.

Podría sacar mi cuerda y rapelar pero, por una vez dejo de lado la seguridad en favor de la rapidez y desciendo usando mis conocimientos de escalada para aprovechar la fantástica roca caliza que, ahora si, decide protegerme.

Al fin, a pesar de la tensión, llego al bosque y al coche.

Sensaciones agridulces, si. Pero una aventura fantástica.

Volveré y será entonces cuando vea el mar desde la cumbre.

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