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Pica Peñamellera

La Pica de Peñamellera (765 m.) es un monte (o montaña según queramos verlo) localizado en la parte baja del Río Cares, al norte de los Picos de Europa asturianos en la conocida como Sierra de Cuera. Su nombre proviene de encontrarse en el límite de las pedanías de Peñamellera Baja y Peñamellera Alta, entre Mier y Bores. Su silueta aparece en el escudo de armas de estos municipios.

Pica Peñamellera desde el EsteA tan solo seis kilómetros en linea recta de la costa, su base está poblada por encinas, avellanos, robles y hayas, para dar paso a una cumbre más rocosa y aerea, muy significativa en la distancia a pesar de su modesta altura. Visto desde el Este la montaña recuerda la forma del famoso Matterhorn (4.478 m.), visto desde Zermatt, por lo que al monte se lo conoce como el “Cervino de Asturias“.

Esta característica hace que esté considerada “oficialmente” uno de los “tres Cervinos” españoles, junto al Gilbo (León), de 1.677 m., y el Txindoki (Guipuzcoa), de 1.346 m.

El primer ascenso documentado fue llevado a cabo el 10 de julio 1890 por el alpinista francés y cartógrafo Aymar de Saint-Saud .

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Localización: Bores o Mier

Tipo de Ruta: Montañismo

Longitud: 7 kilómetros (aproximadamente)

Duración: 3 horas

Época recomendada: Todo el año

Dificultad MIDE:  → mide_PicaPeñamellera

Equipación mínima: Bastón, mochila, botas de trekking, ¿cuerda? y agua. (más info…)

Ruta GPS:

Pica Peñamellera

Recomendaciones:

  • No hay agua potable en el recorrido (sí en el pueblo). Aunque se trata de una ruta corta, un litro de agua es siempre conveniente.
  • En general no existe señalización salvo algunos hitos dispersos, más aún desde el collado que separa Bores de Mier en donde tendremos que atravesar un prado hasta la base rocosa. Desde ella, no siempre podremos identificar la pequeña vereda que empezará a elevarnos entre las rocas hacia la cumbre, o sus hitos, así que aguzad la vista para no perderos.
  • En la cresta es necesario el uso de las manos para progresar. No resulta difícil ya que hay buenos agarres y la caliza es muy cómoda de escalar, pero es expuesto y no apto para gente no acostumbrada a las trepadas o con vértigo. Si se estima necesario, puede usarse una cuerda para dar seguridad en la bajada (sobretodo en días húmedos).

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Desde que hace ya bastantes años mi amigo Juan Carlos me enseñó esta pequeña montaña (tras escalarla no me atrevería a llamarla sólo “monte”, como es mi constumbre por debajo de los 1.000 m.), comentándome que desde su pueblo se decía que era un perfecto indicador de la climatología de la zona, me quedé prendado de este pico. Siempre tuve en mente escalarlo, pero nunca había encontrado el momento. Quizás por estar más centrado en montañas más altas o más famosas; tonterías de juventud. Sin embargo, hoy en día me aventuro en ella atraído también en cumbres que me hablen de su simbología, leyenda, historia… o por su simple belleza.

Y, qué belleza tiene el “Cervino Asturiano”…

El Cervino Asturiano

Es el primero de un pequeño nuevo proyecto que me he propuesto: el ascender los “Tres Cervinos ‘Oficiales’ Españoles”.

Para ello he decidido empezar por el más emblemático. El más difícil… Y el que me pilla más a mano.

Amanece y me acerco al pueblo de Bores. He decidido empezar desde aquí en vez que desde Mier porque me ahorro unos minutos de coche. Al final, llegaría al mismo punto por ambas vertientes.

Veo mi destino iluminado por los primeros rayos del sol y la aparente ruta de ascenso, desde una horcada en su escarpada cresta…

Pica Peñamellera

Llevo al coche lo más arriba que puedo, hasta el final de la población, donde lo dejo en un aparcamiento en que entrarían dos o tres coches como mucho. Si estáis muy vagos, podríais continuar con el coche por la pista hasta el collado que da acceso a la base de la piramide cimera, pero os perderíais un bonito paseo.

Pista de ascenso

Busco la paz de los bosques, sin prisas,
sin importar las distancias.
Montaña verde de difícil acceso
bajo la escasa luz del sol matutino.

A pesar de las hermosas vistas de la Sierra de Cuera a mi derecha y que la pista no es dura, el sol y el calor ya pegan fuertes a estas horas de la mañana. Si le sumamos la tremenda humedad reinante y la falta de viento, caminar pronto se convierte en un esfuerzo inesperado.

Aligero un poquito de ropa al llegar al collado que hay en la ladera occidental del Huertu Collao (592 m.); bebo agua, para después adentrarme en un prado donde la hierba llega hasta las rodillas, antes de encontrar el sendero que penetra en el pequeño bosque de avellanos que supone el comienzo del acceso a la base rocosa de la montaña.

Sendero desde el collado

Mil vueltas y revueltas para dejarlo todo atrás.
Silencio absoluto.

El paso por el bosquete supone tan solo un par de metros a la sombra. Enseguida, me encuentro con una pedrera de roca suelta, incómoda, pero no tanto como otras que podamos encontrar en las cumbres más elevadas de los Picos de Europa.

El problema es que, por mucho que digan otras referencias escritas, la vía a seguir no es del todo clara. Muchos hitos se confunden con rocas sueltas caídas sobre otras mayores… y resulta fácil perderse. De hecho, en vez de seguir por el camino correcto, mi rumbo me lleva con cierta dificultad directamente hacia el pequeño anfiteatro que forma la montaña. Hay un precioso diedro que me encantaría escalar si tuviera ahora un compañero que me asegurara con la cuerda que llevo encima. Cuando venía en coche y contemplaba la silueta de la Pica no recuerdo que esta fuera mi primera opción, pero ahora, aunque complicada, me parece la más acertada.

Anfiteatro

Asciendo a sabiendas que no estoy en la ruta correcta, pero debo llegar hasta el comienzo de la arista para comprobarlo.

Una vez allí, caigo en la cuenta de por donde circula la auténtica trocha. Debería bajar unos cuantos metros para retomarla, pero no me apetece un carajo y veo que resultaría más fácil “escalar” ligeramente pegado a la pared hasta encontrar el verdadero y definitivo camino de ascenso.

Es un imprevisto, pero me proporciona los primeros indicios de lo que será el resto de la cresta y lo relativamente sencillo, o difícil, que puede ser esta gracias a su roca caliza.

Pegado a la pared

La verdad: no resulta complicado, siempre y cuando coloquemos bien los pies para no resbalar por la ladera.

Así, llego al buen camino desde donde empiezo a trepar por el cresterío. Desde aquí hasta el final, la “escalada” no supondrá ningún desafío para quien esté acostumbrado a las trepadas expuestas. Pero si que es verdad que no es una travesía para quien no esté habituado a ellas o tenga vértigo. La cresta pronto empieza a parecer vertical y vemos como la caída a ambos lados, sobretodo hacia el norte… es colosal.

Cresta con terreno mixto

El terreno es mixto. A veces roca, a veces tierra y, ocasionalmente, hierba. Imagino que en invierno la complejidad aumentará en proporción a su hermosura. O incluso en días en que todo el terreno esté húmedo.

Reconozco que hay algún momento en que pienso: “en qué berenjenal me he metido yo solito“. Me acuerdo de mi amigo Juan Carlos, que no se habría metido aquí, “por no verlo necesario“, y en mi compañero Gonzalo… que lo habría disfrutado como un niño. Les echo de menos.

En las montañas, siempre me he encontrado en medio de ambos, técnica y físicamente. Así que sigo adelante en mi estilo: yendo despacio y asegurando los pasos. A pesar del sofocante calor y de la humedad de algunos tramos, que amenazan casi más que la propia montaña.

Paso expuesto

El momento más comprometido llega cuando abandono la cara sur de la Pica y, durante una decena de metros, entro en la cara norte. Se trata de un pequeño paso carente de dificultad técnica pero que transcurre sobre un estrecho palmo de terreno a cuya vera se abre un abismo de casi cuatrocientos metros de caída.

Asomarse impresiona, pero la verdad es que me las he visto más agobiado en lugares como el Castro Valnera o el Cuchillón, con pasos más angostos (aunque no tan largos) y caídas igual de verticales. El caso es que, a pesar de todo, lo sobrepaso despacito y tranquilamente hasta que giro a la izquierda y llego a una terraza donde dejo la mochila antes de continuar.

Lo que queda parece delicado (que realmente no lo será) y prefiero asegurar la bajada sin una mochila a mi espalda que pueda estorbarme. La subida se hace finalmente muy cómoda gracias a los buenos “agarres” que encuentro. En algunos puntos, incluso, veo pequeños “puentes de roca” donde montar un rápel por si alguien que viniera conmigo lo necesitara.

Panoramica cresta Picamellera

Poco a poco sigo avanzando.

Tres puntos de apoyo.

Sin prisas…

No es difícil, solo ve tranquilo. Vas solo.

Ninguna foto va a hacer justicia a lo que estás subiendo. Te llamarán exagerado, pero no están aquí. Algunas trazas de la roca, talladas por el agua, me recuerdan al Urriellu. Qué bonita fue aquella escalada…

Sin quererlo, no vuelvo a ver la cara norte y me elevo sobre una loma que da paso a otra más grande y redondeada (ni en broma tan escarpada como la suizo-italiana) que parece ser la cima. Lo más difícil ha acabado.

Camino intuyendo la trocha e intento que no me coman las moscas que el calor parece haber querido atraer hoy,

Cumbre Pica Peñamellera

¡Cumbre! ¡Mi primer “Cervino“!

Siempre lo he dicho, a veces las montañas más modestas son las que mejor sabor de boca te dejan…

Puede que nunca logre ascender esa montaña emblemática. Esa “última” cumbre alpina. La montaña con dos nombres… La pirámide “casi” perfecta.

Pero esta de aquí: me la llevo. Y con semejantes vistas, no la cambio por nada a pesar del esfuerzo.

Panoramica hacia Urriellu

Como siempre, permanezco un rato en la cumbre, observando a mi izquierda las grandes alturas los Picos de Europa: con Torrecerredo, 2.650 m. (que aún me queda por coronar), y el monolítico Urriellu, 2.519 m., como máximos exponentes. A mi derecha, la Sierra de Cuera, bonita, pero ni de lejos tan emblemática o hermosa como esta cumbre que estoy hollando o sus hermanas mayores.

Detrás de ella, visible a pesar de la leve calima y el sol aún bajo… el mar cantábrico. A tan solo 6 Km. en línea recta.

Aún con este calor sofocante, el día que se me ha regalado es increíble.

Panoramica Sierra de Cuera

Majestuosa cumbre bajo un cielo límpido,
bosques, cerros y picos hasta el infinito.
Solo el sol y el viento me recuerdan el regreso.

El Río Cares a mis pies. El pueblo de Mier

Me acuerdo nuevamente de mi amigo Juan Carlos y le dedico la cima en mis pensamientos. Aún me queda bajar y, aunque otros descensos curiosamente me han provocado más respeto, este no está exento de peligro. Por tanto, extremo las precauciones mientras bajo. La mayoría de accidentes se producen en este momento, y el calor ha hecho mella en mi. Chorreo sudor y me tiemblan algunos músculos.

A pesar de todo, llego abajo sin muchos problemas (menos de los esperados) y sigo por el camino que al principio no supe encontrar.

No obstante, no seguiré de nuevo el camino original. Con semejante temperatura, a pesar de la todavía temprana hora, quiero llegar a la pista lo antes posible para buscar las sombras que aquí arriba no hay. Así que trazo una línea casi directa hacia la pista por la que ascendí (hacia la primera curva que se ve a la derecha de la siguiente imagen), para volver a Bores… al coche… y a darme un chapuzón con mis niñas en el santanderino Sardinero después de comer.

Descenso

Me encantan estas montañas… y las recompensas posteriores…

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