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San Lorenzo

El San Lorenzo, con sus 2.271 msnm, es el monte más alto de La Rioja (España) y el segundo del Sistema Ibérico tras el Moncayo (2.314 m).

Forma parte de la Sierra de la Demanda, siendo este un conjunto montañoso que ha sufrido un largo proceso erosivo, y de ahí que la línea de cumbres se encuentre sensiblemente a la misma altura, en torno a los 2000 m, dando lugar a un paisaje homogéneo en el que apenas el pico San Lorenzo destaca ligeramente sobre el resto.

En la antigüedad, la Sierra de La Demanda (así nombrada por causa de un antiguo litigio por los altos pastizales entre las aldeas de la zona) era conocida por Montes Idubedas y Distercios por los romanos. El origen del topónimo Distercios procede de una deidad venerada por los celtíberos llamada Dercetio, que según parece significaba “El Visible”, y se correspondería bien con la sierra o tal vez con su punto más elevado, como muestra un ara que se conserva en el Monasterio de San Millán. La denominación actual de San Lorenzo constituye un evidente caso de la cristianización de un nombre pagano.

Labrada por los antiguos cursos glaciares, descubrimos también que la cumbre que aquí nos atañe antiguamente recibía el nombre de Cuculla (Cucullum: Capucha), como referencia a la cogolla o capucha del hábito del monje. Es, pues, esta cima una erguida cabeza cubierta por un capuchón nevado. El cordal donde se levanta suele denominarse Sierra de San Lorenzo y comprende otros dosmiles: Cabeza Parda ( 2.106 m ) y Cuña ( 2.008 m ).

La principal vía de acceso son las carreteras LR-415 y LR-416, que suben desde la población de Ezcaray hacia la cercana (y discutida, por su impacto ambiental) estación de esquí de Valdezcaray.

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Localización: Valdezcaray (Ezcaray)

Tipo de Ruta: Montañismo

Longitud: 7 kilómetros (aproximadamente)

Duración: 3 horas

Época recomendada: Todo el año

Dificultad MIDE: mide_PicoSanLorenzo

Equipación mínima: Bastón, mochila, botas de trekking y agua (en invierno serán necesarias botas de montaña y, según condiciones, raquetas o crampones). (más info…)

Ruta GPS: San Lorenzo

Recomendaciones:

  • No hay agua potable en el recorrido, pero la cercanía de la estación de esquí (si subirmos por esa vertiente hace que la provisión de agua sea sencilla).
  • Aunque esté masificado en invierno debido a los esquiadores, la temporada de ascensión es recomendable en esta época. Al no llegar a ser muy difícil será más atractiva de subir que en verano, donde las cicatrices de las pistas afearan todo el paisaje. Os recomendamos visitar la web de la estación para consultar información y sus webcams: Valdezcaray.
  • Si subimos en invierno, hay que tener un poco de precaución con las placas de hielo que suelen formarse, y con el viento que azota la cima. La cara norte es peligrosa. Si necesitamos refugiarnos, hay una pequeña caseta de chapa cercana a la cumbre…

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La ascensión al Pico de San Lorenzo comienza fruto de una casualidad. El año pasado unos amigos nos regalaron, a mi chica y a mi, una de estas famosas cajitas-regalo para tener una “estancia entre viñas”, y elegimos La Rioja como destino porque ninguno de los dos la había visitado nunca.

El azar quiso que nuestro alojamiento residiera en el hermoso Valle de San Millan, donde además de permitirnos la visita a los monasterios locales (como los famosos de Suso y Yuso), hacer algo de senderismo o disfrutar de la gastronomía riojana, resultó estar muy próximo al techo de La Rioja. Su altura máxima.

Así que, antes de volvernos para Madrid hacemos un pequeño desvío por Ezcaray y, mientras mi chica me espera en la estación de esquí (algo que sin duda le compensaré), yo me aventuré a borrar una cumbre más de mi pequeño proyecto de las 17 Cumbres

La estación de esquí es, sin duda, un despropósito en este bello rincón de la Sierra de la Demanda. Aunque todavía la nieve compensa un poco la fealdad de los remontes y el aparcamiento, he visto fotos del lugar en verano y casi se te quitan las ganas montañeras de subir por esta vertiente.

Mientras comienzo a caminar junto a los primeros remontes, por la pista conocida como La Cascada, entiendo en parte la obra como producto de un tema turístico y de puestos de trabajo para la gente de la zona; pero, por otro lado, como montañero y amante de la naturaleza, me parece (con perdón de la expresión)… una cagada.

Subo acompañado de un esquiador de travesía por estas dos primeras cuestas.

Más abajo, mi chica pensaba que iba a remontar este primer tramo en el telesilla pero, le digo yo: “qué gracia tendría eso”…

Una vez que llego a los remontes intermedios, contemplo todo el hoyo principal de la montaña y, un poco más arriba, el pequeño circo que cae por la cara norte del San Lorenzo. Es muy interesante, quizás lo más atractivo de este monte. Pero no quiero estar mucho tiempo subiendo y dejando a Judith abajo, así que intento darme prisa y voy cruzando las pistas hacia la izquierda en dirección a Los Salegares.

En este punto os recomiendo que os hagáis con un mapa de las pistas de la estación, porque, aunque la ruta de ascenso se ve fácil, podéis caminar más de lo necesario si no os sabéis ubicar.

En parte eso me pasó a mi, ya que, en vez de subir por una ruta más cómoda como hubiera sido desde Los Tubos hacia Campos Blancos, ascendí casi directo hacia el collado que separa el Cuña (2.008 m.) del Cabeza Parda (2.106 m.) y el San Lorenzo.

Mi ruta se revela como exigente pero rápida. Y, sobretodo, debido a la falta de nieve en esta época del año, carente de esquiadores. Lo cual, para mi, es lo ideal porque me aleja de ese “parque de atracciones”.

Mientras subo, sin prisa pero sin pausa, voy notando como mi estado físico no anda mal del todo, pero a mis pulmones les falta entrenamiento. Si quiero afrontar con garantías mi próximo intento al Mont Blanc debo empezar a salir a correr más a menudo y a plantearme montañas previas de cierta envergadura.

Pienso en todo ello mientras sigo subiendo, concentrado en no resbalar en los neveros de nieve dura que aún aguantan por aquí.

Hace frío.

Queda muy poco para que el sol empieza a bañarme con su calor, pero todavía debo mantenerme activo para conservar mi calor corporal.

Miro a mi izquierda y veo los reflejos de la luz en la nieve del collado del Cuña. Que hermosa visión.

A mi derecha el cordal que lleva hacia el San Lorenzo por la pista de Campos Blancos.

He de decir que, en verdad, si dispusiera al menos de una hora o dos más, me gustaría recorrer todo el cordal de forma íntegra. Pero mi tiempo es el que es y debo ceñirme a él, así que hago un giro de casi noventa grados en mi ruta y pongo rumbo directo a mi objetivo principal.

Me sorprende que casi no haya esquiadores aquí arriba. Es como si no les apeteciera hacer estas pistas, aunque el paisaje sea más chulo.

Jamás les entenderé…

Un poco por debajo de mi, veo al esquiador de travesía que venía junto a mi en el comienzo de la ruta. Poco a poco va llegando él también, aunque mi atajo me ha puesto a mi muy por delante.

Desde aquí, una vez que vuelvo a pisar la nieve prensada de una pista de esquí, me creo que ya queda poco para la cumbre, pero, nuevamente las distancias me engañarán y pronto descubriré que todavía me quedan casi cuarenta minutos para llegar.

Mi ritmo ha sido muy bueno. Sin llegar a ser demoledor, llevo unos quince minutos de adelante sobre la mejor de las previsiones de cualquier información que haya leído al respecto de este monte.

Supero el Collado de Nestaza, a 2.034 metros de altitud. Camino por el lateral, fuera de pista. Ya tengo el remonte superior al alcance de la mano…

Cuando llego, charlo un par de minutos con el “pistero” que guarda el remonte. Incluso le “tiro un poco los tejos” a ver si se tira el rollo y me deja bajar en el telesilla y así acorto el tiempo de bajada, pero no cuela.

Sin embargo es un chaval majete y me recomienda que baje por la otra cara, hacia la pista de Colocobia, para tardar menos en llegar al parking.

Le doy las gracias y, tras despedirme de él, sigo ascendiendo, esta vez siguiendo un pequeño sendero marcado con hitos hasta la cumbre. El viento ha pelado mucho la cima así que casi no encuentro nieve hasta arriba, donde una imagen de la Virgen de Valvanera me recibe, junto a otros dos montañeros que han subido por la otra vertiente de la montaña.

A pocos metros se halla en el suelo una columna de piedra que portaba la imagen de San Lorenzo y que ahora descansa junto a unas rocas.

Poco más allá, hacia el sur, una pequeña caseta de chapa hace las veces de refugio por si el tiempo cambia mucho y es necesario guarecerse.

Parece que era una caseta de radioaficionados que ha permanecido como refugio debido a que la niebla y el viento azotan mucho el lugar, y resultaba más útil conservarlo que desmontarlo. O al menos eso me cuenta el esquiador de travesía que, al fin, acaba de llegar tras de mi.

A mis pies, toda la Sierra de la Demanda, conservando todavía algunos trazos de nieve, en este seco invierno…, y la provincia de La Rioja.

Precioso… como cantan las palabras de Gonzalo de Berceo, primer poeta en lengua castellana, nacido en estas tierras, y que uso como simil…

Esti prado fue siempre verde en onestat
ca nunca ovo mácula la su virginidat,
post partum et in partu fue virgin de verdat,
illesa, incorrupta en su entegredat.

Aprovecho para comer un poco, ya que aún no he desayunado; y, de paso, hago unas fotos mientras localizo el camino de bajada por la otra vertiente.

Los hitos lo señalan bien; y parece que recorre toda la arista del pequeño circo glaciar del monte. Así que será muy directa y muy chula.

Me pongo en camino de inmediato y, efectivamente, no tardo casi nada en llegar a los remontes de este lateral de la estación.

Aquí, vuelvo a preguntar a un pistero que cual es la vía más directa para descender hasta el parking, y me indica que siga la pista conocida como Dos Torrentes. Ella me llevará hacia el hoyo intermedio y de ahí, volveré por La Cascada hacia el aparcamiento.

Eso hago, practicamente esquiando sobre mis botas, y casi sin darme cuenta llego hasta la cafetería de la estación donde me espera mi chica tomando un té. ¿Tiempo total? Unas dos horas y cuarto (o, y media) sin contar paradas.

Ha estado bien. Muy bien…

Ahora, mientras me despido de la montaña y bajamos a comer a Ezcaray, pienso en cambiar mi habitual tradición de “cerveza de recompensa”, por un buen “vino de recompensa”. Pero por supuesto… será de Rioja.

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