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Sierra de los Porrones

La Sierra de los Porrones, también llamado Cuerda de los Porrones o Cuerda del Hilo, es un cordal montañoso situado en la zona central de la Sierra de Guadarrama. Administrativamente está dentro de los términos municipales de El Boalo y Manzanares el Real. Esta alineación montañosa está orientada de noroeste a sureste y tiene una longitud aproximada de 7 km.

Las montañas que la conforman van perdiendo altura según se avanza hacia el sureste. De este modo, la más alta, y por tanto la más noroccidental, aunque su prominencia sea “un aparte” de la misma, es La Maliciosa con 2.227 metros de altitud.

Este cordal hace de divisoria entre las cuencas del río Manzanares, al norte, y el río Navacerrada, al sur. Al este de esta pequeña sierra está La Pedriza, con la que comparte bastantes características geológicas, y la cuenca del Manzanares. Y, por último, al oeste se encuentra el Valle de la Barranca. Paralelo a la cresta del cordal, por debajo en su ladera este, hay un sendero de Pequeño Recorrido, el PR-M 16, que sale del Collado de Quebrantaherraduras y que termina en la cima de La Maliciosa.

Aunque algunas estén aisladas del conjunto prinicpal de la sierra, se considera que las montañas de esta alineación montañosa son las siguientes, ordenadas de noroeste a sureste:

  • La Maliciosa (2.227 m)
  • La Maliciosa Baja (1.939 m)
  • Cancho Porrón (1.669 m)
  • Cancho de las Porreras (1.679 m)
  • Peña Blanca (1.598 m)
  • Torreta de los Porrones (1.372 m)
  • La Camorza (1.213 m)

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Localización: Manzanares el Real

Tipo de Ruta: Montañismo

Longitud: X kilómetros (aproximadamente)

Duración: 7 horas

Época recomendada: Todo el año

Dificultad MIDE:  → mide_SierraDeLosPorrones

Equipación mínima: Bastón, mochila, botas de trekking y agua. (más info…)

Ruta GPS:

Sierra de los Porrones

Recomendaciones:

  • Hay agua potable en algunos puntos del recorrido, pero ninguno (salvo algún arroyo en primavera) en el área del cordal. Es interesante, dada la longitud de la ruta, llevar al menos 2l de agua en la mochila.
  • Para acceder desde el PR-M 16 hasta la zona del cordal por Peña Blanca debéis estar atentos a los hitos de piedra cerca de la cota de los 1.450 m. Aún así el camino no es evidente hasta llegar a ella y, seguramente, tendréis que hacer alguna trepada.
  • Intentar completar un recorrido más amplio hasta la cumbre de La Maliciosa puede ser un objetivo “peligroso” si no se está en buena forma o las condiciones climáticas no lo permiten. El descenso es muy largo y las fuerzas pueden fallar. Ante todo: precaución en esa última fase de la ruta.

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Añoro despertares de tomillo y jaras.
De rayos de luz anaranjados entre las rocas.
Del relajante murmullo del agua hacia los valles…
Y de pan recién hecho al calor de una hoguera.

A cambio solo tengo reflejos en acero.
Humos y ruido que se elevan hacia el cielo.
Bollería industrial desenvuelta de un plástico.
Y prisas… muchas prisas…

Collado de Quebrantaherraduras

Hace demasiado que no “hago montaña” en condiciones.

La paternidad tiene su precio y, aunque no lo cambiaría por nada del mundo, reconozco que añoro tiempos en los que me iba casi todos los fines de semana al monte a subir alguna cumbre, a escalar o, simplemente, a dar un paseo por algún sendero.

Hoy por eso he decidido escaparme para hacer un recorrido planificado desde hace mucho tiempo: la Sierra de los Porrones. No se si llegaré a subir a La Maliciosa (ya lo hice hace algunos años atrás), no es el plan. Pero quien sabe… Me conozco y seguramente me veré atraído por la cumbre principal de esa preciosa montaña.

Dejo el coche en el Collado de Quebrantaherraduras y comienzo a recorrer el sendero PR-M 16 marcado con señales amarillas y blancas, por entre los llamados Picos de la Higuera hacia el Collado del Terrizo. Desde ahí todo será prácticamente nuevo para mi.

Collado del Terrizo

El bosque huele a jaras y a humedad.

En las alturas, la nieve aún aguanta en Cuerda Larga.

Respiro profundo y una vez más me siento completo.

El camino me lleva serpeteando entre arbustos y arroyos. A la sombra de los pinos, como diría la canción… Viejos pinos y alguna pradera donde, más tarde, aprovecharé para comer, antes de volver a casa.

La vereda no tiene pérdida mientras sobrepaso una pista forestal y continúo mi ascenso por la trocha marcada como PR.

Cuando llego a una segunda pista forestal, esta de uso mucho más evidente debido a su conservación, veo por fin las alturas rocosas de la Sierra de los Porrones al final de la pronunciada cuesta que sigue la senda. Más parecida a un cortafuegos que a un sendero.

Junto a la Fuente del Terrizo

A mi derecha veo, entre los árboles, la Fuente del Terrizo. La última como tal en todo el recorrido. El resto de aguas que beberé será de los arroyos formados por el deshielo.

Mientras subo me encuentro con una situación muy curiosa.

Por un momento me sobresalto pensando que es algún tipo de animal “kilométrico” que mi cabeza no acierta a reconocer. No es sino hasta que veo el extraño movimiento que hace, y me acerco con precaución, que me doy cuenta de la realidad.

SeOrugas trata de una miriada de orugas procesionarias en “fila india” cruzando de una zona de bosque a otra. El movimiento ondulatorio que realizan parece el de una ola que se traslada de lo más adelante de la procesión hasta el último de estos curiosos bichejos. Un movimiento transmitido como una onda de sonido o las producidas al dejar caer una piedra en un estanque.

Resulta hipnótico.

Dejo tranquila a esta “santa compaña” y continúo mi ascenso adentrándome de nuevo en lo más profundo del bosque.

Aquí, consulto un par de veces el mapa para estar seguro de donde debo salir de él.

No quiero seguir el PR hasta la Maliciosa Baja. Quiero recorrer la sierra por sus cumbres; por tanto debo salirme, según mis cálculos, alrededor de la cota 1.450.

Tras algunas dudas, veo un hito de piedra en una curva que intuyo es la señal que marca el camino.

Hacia Peña Blanca

Me asomo hasta encontrar un muro de piedra que asciende hasta la cumbre de Peña Blanca, a unos 1.598 m.  de altitud.

Realmente, camino como tal no parece haber. Algún hito desperdigado marca la ruta a seguir, pero me guio por instinto y por las imperceptibles huellas de otros que han pasado por aquí antes que yo. Penetro un par de veces en el bosque para evitar arañarme por los arbustos y veo como algunas alfombras de gayubas salpican el terreno.

GayubasEsto os marcará que estáis en la buena dirección si alguna vez subís por aquí.

Entonces, hay que empezar a trepar. No son trepadas difíciles aunque si hay que buscar la manera de agarrarse bien para no arañarse con la maleza. Finalmente, llegando a la cumbre, habrá que encaminarse por entre unos árboles secos para alcanzarla.

Sin resultar muy complicada, esta primera cima del día resulta muy divertida.

Al fin puedo contemplar todo el recorrido que me queda.

Como siempre, las vistas son espectaculares.

Panoramica desde Peña Blanca

Siempre he considerado únicamente a este tramo como la “auténtica” Sierra de los Porrones. El resto de alturas que pertenecen a ella ya las he hecho en alguna otra ocasión, así que hoy me propongo terminar algo comenzado hace mucho tiempo atrás.

Aún queda mucho por hacer, así que enseguida desciendo de nuevo hasta el bosque, dando un pequeño rodeo para alcanzar la senda que se ve transcurrir por toda la cresta de la serranía.

En el siguiente picacho que me encuentro veo unos hitos que conducen a la cumbre y me dispongo a trepar siguiéndolos.

Segundo Porron

No estoy especialmente cansado, aunque noto la falta de entrenamiento. Si mi intención fuera alcanzar hoy la cumbre de La Maliciosa (cosa que aún no descarto), el subir a cada uno de estos “porrones” me machacaría demasiado, pues noto como mis músculos se tensan demasiado mientras escalo estas piedras.

No obstante, quiero alzarme sobre todos y cada uno de estos canchos.

Quiero volver a “hacer montaña”.

Solo el trinar de los gorriones me acompaña mientras abandono esta nueva cumbre. Con una cuerda bajaría más rápido, pero desciendo divertido antes de proseguir mi camino.

Así, continúo de roca en roca, de “porrón” en “porrón”.

A mi derecha la mirada del Yelmo, los Fantasmas, las Torres de la Pedriza mi siguen mientras voy ganando altura hacia sus dominios. A mi izquierda se ve, en la lejanía, el Embalse de Navacerrada, las Machotas, el Monte Abantos

Hacia Navacerrada

El día es espectacular. Ni una nube en el horizonte. Mi mirada abarca kilómetros y kilómetros de distancia.

No me doy cuenta pero el sol está comenzando a quemarme.

Sin embargo, el viento se está levantando ligeramente cuando asciendo al Cancho de las Porras y se empieza a convertir en rachas de vendaval cuando llego al Cancho Porrón.

Con cada metro ascendido, más aumenta el viento y más peligroso se hace trepar por las rocas, pues el aire te empuja con tanta fuerza que en ocasiones debo agacharme para bajar mi centro de gravedad y no caer.

Aún así, cada vez que me agarro a la roca, que mis músculos se tensan buscando los mejores agarres para subir (y memorizándolos para luego descender), mi espiritu se va sintiendo cada vez mejor. Más en su elemento. Respiro hondo y sigo trepando. Disfrutando de cada momento. De la soledad de la montaña. Y siendo muy consciente del riesgo que una caída me supondría.

Cancho Porron

Cuando al fin me encuentro de nuevo con las marcas del PR-M 16 mis pasos me llevan ya hacia la cumbre de la Maliciosa Baja.

Voy un poquito cansado después las trepadas realizadas, y aprovecho los retazos de agua que algunos arroyos de deshielo me proporcionan para reponer liquidos y fuerzas antes de seguir para arriba. De este modo no gasto la de mi cantimplora.

Veo un pequeño refugio de pastores antes de inciar la subida a las Faldas de la Maliciosa. Un punto interesante de conocer por si algún dia es conveniente vivaquear por aquí.Refugio de pastor

Poco a poco voy ganando altura y me veo “tocado”.

Sin duda, necesito más rodaje. Puedo llegar a donde sea hoy, pero por encima de tiempos quizas… recomendables.

Me acerco a la cumbre de la Maliciosa Baja y por fin piso nieve en este invierno. Ya primavera.

Frente a mi, la cumbre de una vieja amiga. Su hermana mayor. Donde empezaron mis problemas de rodilla. La, quizás, más alpina de las montañas de Guadarrama. Oscura y bella. Atrayente…

La Maliciosa.

La Maliciosa

El PR sigue hacia su cumbre por una vereda bastante evidente sin nieve. Pero yo sigo unos hitos a mi derecha por una canal que me lleva entre rocas directamente a la cumbre más alta de hoy. Casi a dos mil metros de altura.

Al llegar, el viento está a punto de tirarme al suelo.

Si aún albergaba dudas sobre si subir o no hasta la Maliciosa “alta” me las quito de la cabeza. Con este aire y mi falta de velocidad, sería peligroso. Además, he terminado en este punto la tradicional Sierra de los Porrones. Lo que queda por delante de mi, su prominencia ajena al conjunto de esta Sierra, es una vieja amiga que ya he subido.

Así que disfruto de las vistas y trato de abrigarme lo mejor posible antes de bajar.

Panoramica desde la Maliciosa Baja

Soy amante de las nieves, los arroyos y la ventisca.
Camino entre el arrullo de los árboles.
Las nubes me cobijan del sol, mis manos presan la roca…

Mi cuerpo se tensa.
Me siento libre.
Me siento vivo.

Para bajar me encamino al Collado de los Pastores siguiendo unos hitos por una delgada trocha.

Mientras ando me pregunto, ¿qué daría yo por vivir entre aromas de montaña?

Mucho, sin dudarlo… pero nada que me alejara por siempre de mis niñas que me esperan ahora en casa y por las cuales siempre regreso. Con una sonrisa en la boca. Mejor de como me fui.

Al llegar al collado recuerdo la primera vez que estuve aquí. Tras una excursión más larga de lo que había planeado y con mi rodilla en su peor momento.

Hoy no es así, así que decido acercarme a escalar el Cerro de las Barreras (1.772 m.), muy cercano, que aquella vez no me atreví a alcanzar.

Panoramica de la Pedriza Posterior

La trepada, de nuevo, es muy bonita.

El rugido del Manzanares recien nacido, aumentado por numerosas cascadas procedentes de las alturas de Cuerda Larga, resuena por toda la garganta encajonada tras de mi. Delante, el resto de la Pedriza y el embalse que aprisiona por momentos al río.

Tras permanecer aquí unos minutos, continúo mi descenso intentando siempre que puedo usar caminos si no olvidados, al menos muy poco usados. De este modo no pierdo demasiado tiempo siguiendo los vericuetos y las zetas de las pistas principales, más pensadas para los vehículos forestales que para los caminantes. Aún así, uso puntualmente alguna pista y el propio PR-M 16 para no perder demasiada altura y permanecer a la altura del Collado de Quebrantaherraduras.

Descender hasta Canto Cochino para luego subir, sería matador…

Aunque me parezca mentira, noto como mi rodilla se resiente en algunas cuestas de bajada y no es plan de forzarla.

Panoramica de el Yelmo

Poco a poco llego a mi destino. Disfruto de una comida campestre tumbado sobre un prado, y vuelvo con las pilas cargadas a casa. Al asfalto y el cristal…

Empieza la Semana Santa y aún me quedan muchas sendas por recorrer…

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