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Sierra del Lobosillo

La Sierra del Lobosillo, o Sierra de la Puebla, es un conjunto montañoso situado al sur de la Sierra de Ayllón, entre el noreste de la Comunidad de Madrid y el noroeste de la provincia de Guadalajara.

La sierra comienza por el norte en La Hiruela, a unos 1.250 metros de altitud, extendiéndose principalmente por su vertiente oeste, por la Comunidad de Madrid, junto a la Sierra del Rincón, y rodeando localidades como Puebla de la Sierra para crear valles como el Valle de la Puebla. Alcanza en su altitud máxima en los 1.865 metros del Pico de la Tornera y acaba cerca del embalse de El Atazar, donde desciende hasta unos 1.000 metros.

En las montañas de la Sierra del Lobosillo están algunos de los barrancos más altos y extremos de Madrid. De sus “alturas”, destacar que junto al Pico de la Tornera encontramos otras cumbres como la Peña de la Cabra, con 1.834 m., El Porrejón, de 1.821 m. o el Pico de la Centenera, de 1.810 m., así como otras cumbres menores por debajo de los 1.800 metros.

Por último, indicar que toda esta zona es una de las más despobladas y aisladas de la Comunidad de Madrid, de tal forma que en la cara este se puede hablar de semi despoblación. La mayoría de las localidades apenas llegan a los 50 habitantes.

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Localización: Puebla de la Sierra o Prádena del Rincón

Tipo de Ruta: Montañismo

Longitud: 14 kilómetros (aproximadamente)

Duración: 4 horas y media (el doble si se realiza de forma integral sin coches de apoyo)

Época recomendada: Todo el año (aunque en invierno puede ser difícil llegar con el coche hasta allí)

Dificultad MIDE:  → mide_SierraDelLobosillo

Equipación mínima: Bastón, mochila, botas de trekking y agua. (más info…)

Ruta GPS:

Sierra del Lobosillo

Recomendaciones:

  • No hay agua potable en el recorrido, y, al ser especialmente largo (sobretodo si se realiza de forma integral) es recomendable llevar al menos 2 l. de agua por cabeza.
  • La ruta recorre la sierra por su parte más alta, sin embargo podremos descender hasta los valles por cualquier sendero adyacente que encontremos, si necesitamos una vía de escape por culpa de cualquier imprevisto.
  • La sierra se puede recorrer de forma integral partiendo y terminando la ruta en el Puerto de la Puebla en unas 9 o 10 horas. Sin embargo, si no queréis hacer tanto “ejercicio” os recomendamos llevar al menos dos vehículos y dejar uno en Puebla de la Sierra para no tener que remontar una vez hayáis descendido al valle.

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Penúltima etapa…

Diez días para los Alpes. Y los nervios ya empiezan a aflorar.

Hoy estamos de vuelta en una sierra que descubrimos no hace mucho y que resulta ser un paraje mágico a una hora de la capital de España. ¿Nuestro objetivo? Recorrerla prácticamente entera en el menor tiempo posible y así ganar un poco más de piernas y “aeróbicos”, para ir en las mejores condiciones posibles al Mont Blanc.

Mi compañero Gonzalo estuvo hace unos días en los Pirineos. Por desgracia no pude acompañarle y me tuve que conformar con ascender en solitario a El Cerrón, un poco más al norte de nuestra posición actual. La de hoy no es que sea una ruta especialmente complicada o dura, pero si que es larga y nos va a reclamar ciertas condiciones físicas.

Al menos, el clima nos va a respetar y caminaremos con algo de fresquito.

Estamos en el Puerto de la Puebla.

Hemos venido en dos coches y hemos dejado hace unos minutos el mío en Puebla de la Sierra, algo más abajo. No por nada, pero hoy es la boda de otro compañero montañero, Amador, y no es plan de llegar tarde; así que tenemos que ganar algo de tiempo, subiendo después en coche hasta aquí.

Nuestro camino comienza rumbo al norte, dejando atrás el familiar sendero que conduce a la Peña de la Cabra.

Ascendemos tranquilamente rumbo a una pequeña construcción de piedra, siguiendo una vereda bien distinguible entre las rocas.

Poco a poco la línea de árboles de repoblación va quedando por debajo de nosotros y, tras atravesar una pequeña hilera de ellos dejamos atrás cualquier resquicio de sombra hasta casi el final de nuestra jornada de hoy.

Frente a nosotros las primeras rgandes alturas de hoy: el Cerro Montejo y El Porrejón.

De momento la ruta es cómoda.

Son laderas suaves que progresan en continuo ascenso. Pero nada que nadie pueda afrontar con tranquilidad.

Según nos acercamos al Cerro Montejo, vemos como la cumbre de esta redondeada prominencia está formada por las características rocas afiladas que caracterizan a todo el conjunto montañoso. Parecen dientes que tratan de escapar de la tierra.

La senda se difumina un poquito por aquí, pero tampoco hay mucha pérdida y nosotros nos encaminamos hacia una pequeña “chimenea” de roca por donde medio trepamos hasta alcanzar la cima.

Sin duda… todo un espectáculo.

Frente a nosotros se extiende toda la Sierra de Ayllón, que hemos ido dejando a nuestra izquierda mientras caminábamos. Reconozco todas las alturas del macizo, algunas de las cuales ya he ascendido. Desde El Ocejón hasta El Santuy.

Tras unos minutos, ahora toca bajar para luego volver a elevarse hasta la cumbre de El Porrejón, que ya estará por encima de los 1.800 metros.

Hace unas semanas estuve hablando con un guía de montaña, amigo de mi compi Amador, y él me comentó que para nuestro objetivo alpino lo que mejor nos venía era ganar aeróbicos haciendo jornadas de carrera, subiendo y bajando por los montes, haciendo un poco el cabra entre las rocas… etc.

Por eso, a un buen ritmo, esta ruta que estamos haciendo nos viene bien.

Ahora bajamos y en unos metros volvemos a tirar para arriba.

La siguiente cima es algo menos escarpada que la anterior. Realmente, la senda nos lleva sin tener que realizar ninguna trepada hasta ella.

Allí nos encontramos con un vértice geodésico y seguimos camino hacia Peña Hierro

Este “saliente” haría las delicias de cualquier trepador. Su cara norte es bastante escarpada y llena de arbustos, lo que la hace divertida pero un tanto complicadilla de afrontar.

Desde donde venimos adivinamos una canal que nos conduciría hasta su parte más alta sin muchos problemas, pero para no perder demasiado tiempo, y dado que nuestra meta final la vemos aún muy lejos, decidimos rodearlo y seguir adelante.

El camino va haciéndonos perder altura con rapidez desde este punto.

Volvemos a pasar por un pequeño bosquete según avanzamos hacia la Cabeza del Estilio (1.671 m.): una nueva loma redondeada.

Nosotros avanzamos con un ritmo más que aceptable y charlamos largo y tendido sobre nuestra próxima expedición. ¿Qué ropa llevamos? ¿Qué incluímos en el botiquín personal? ¿Tenemos todo el equipo preparado? Por mucho que pensemos en ello, no creemos estar preparados para la visión que vamos a tener frente a nuestros ojos en unos días.

En otras generaciones, los montañeros afrontan estas cosas a una edad más temprana. Nosotros vamos con retraso. Pero no con menos ilusiones. Las razones pueden ser muchas… dinero, tiempo, oportunidades… pero no es algo que nos quite el sueño.

Porque todos los sueños se cumplen tarde o temprano si los persigues…

Llegamos a un collado donde divisamos un coche aparcado y un montón de panales enfilados en el lado “castellanomanchego” de la sierra.

Hay varios puestos de caza levantados con rocas en puntos estratégicos del paso de montaña. Seguramente para caza mayor, ya que este es un paso natural, un embudo para el acceso de cualquier gran animal.

Nosotros rebasamos los panales con rapidez para evitarnos cualquier desagradable “enfrentamiento”, y comenzamos de nuevo a subir rumbo a la cumbre del Pinhierro (1.692 m.). Vamos bien de tiempo y creemos que de ahí a La Tornera, la máxima elevación de la sierra, no tardaremos mucho.

Una vez estamos arriba, en donde tampoco adivinamos una cumbre definida, nos preguntamos si, ya que vamos bien de tiempo, nos aventuramos a recorrer el pequeño cordal que se adentra en Guadalajara hacia el Cabeza del Viejo, de 1.700 metros.

Durante un par de minutos titubeamos. Pero, finalmente decidimos seguir adelante, hacia La Tornera, ya que tampoco vemos que este cordal tenga pasos atractivos.

El sendero circula de nuevo con claridad.

Nos ha parecido ver incluso algunas marcas de “GR”. No estamos seguros de que Sendero de Gran Recorrido puede ser. Quizás el GR-88. Pero no encontraremos referencias claras para afirmarlo.

La vereda circula en ocasiones entre arbustos y otras a “loma descubierta”. Pero continuamente nos está haciendo subir y bajar.

Y La Tornera parece que no llega.

Creíamos que estaba cerca, pero nos hemos equivocado.

Cruzamos por una abertura en donde el camino circula por entre las características rocas afiladas de esta sierra. Es un pasaje muy chulo que nos hace olvidar la monotonía del paseo.

Al fin, vemos el objetivo más alto de la jornada al alcance.

En su cara noreste hay un considerable canchal de rocas pequeñas y aplanadas. Algunas parecen tener el aspecto de árboles fosilizados. Es muy curioso…

El canchal sin embargo es muy cómodo de pisar, y poco a poco volvemos a ganar altura de nuevo.

Es la parte más dura del día.

Tras algunos minutos de forzar las piernas bajo el tintineo de las rocas metálicas que pisamos, llegamos a la parte más alta de la montaña.

¡Cumbre!

Las vistas de todo el conjunto montañoso con Ayllón al fondo son preciosas…

Hacia el sur, parte de Guadarrama, Madrid y el Embalse de El Atazar.

Vemos tambien la última gran altura de la Sierra, La Centenera (1.810 m.), y como esta desciende ya hasta el valle.

Resulta un jugoso “bocado” para acabar el día. Pero el tiempo manda y, aunque hemos llegado hasta aquí en un tiempo más que aceptable, todavía tenemos que descender y volver a Madrid. Lo que nos puede llevar algo más de dos horas en total… y no es plan de llegar tarde al otro evento del día.

No por ello vamos a dejar de divertirnos y, en vez de volver por el camino andado hasta el hombro de Cabeza Minga (1.618 m.), para descender desde allí al pueblo, optamos por patear la otra cara de esta montaña… bastante más escarpada.

Resultan unos minutos muy divertidos en los que tenemos que mantener el equilibrio en algunos puntos, trepar en otros y saltar como cabras cada dos por tres.

Jornada completita.

Finalmente surgimos a través de un saliente que nos deja en el comienzo del canchal por el que hemos ascendido.

Ha estado bien.

Almorzamos comentándolo, sentados en un campo de tomillo salvaje, y analizando la ruta de bajada, que aún no la tenemos muy clara.

Tras veinte minutos que nos ayudan a recuperar de forma estupenda, nos ponemos de nuevo en marcha y bajamos directamente hacia ese “hombro” del cordal principal, que el mapa marca como Cabeza Minga.

El sendero es claro y nos lleva hasta una pista forestal que desciende hasta el pueblo (la misma que lleva hacia los puestos de caza y los panales que vimos antes de subir hasta el Pinhierro).

Llegados a este cruce, dudamos de nuevo porque no queremos tener que recorrer toda la pista forestal, dando el inmenso rodeo que nos plantea. Tras ver un hito, nos adelantamos hacia la loma conocida como La Torrecilla (1.462 m.) a ver si encontramos algún sendero que descienda más directamente y, cual es nuestra suerte, que efectivamente lo encontramos.

Llevamos las piernas un poco cansadas de bajar tan directamente, pero esto es mejor que nada, así que nos lanzamos al camino y nos descolgamos con suma rapidez hacia el bosque con la conocida Peña de la Cabra todo el rato frente a nosotros.

Ojo: el atajo deambula hasta penetrar entre los árboles donde correis el riesgo de perderlo. Sin embargo, para no liaros, lo más sencillo se dirigirse hacia una construcción de color blanco que resulta ser un depósito de agua.

Desde él veremos una trocha por la que circula una canalización de agua y que nos llevará directamente al pueblo y a una fuente.

Qué curioso, es justo donde habíamos aparcado mi coche.

Ni hecho a posta, vamos.

A nosotros, ahora, ya solo nos queda darnos una vuelta por este precioso pueblo, tomarnos la merecida cervecita, y seguir soñando con lo que nos espera.

De momento, la semana que viene, un vivac en la cima de Peñalara. La mayor altura de Madrid. Última etapa.

Y luego…: a los Alpes.

~

Dedicado a Amador.
En esta Sierra se cierra un circulo, compañero.
Pero se abre otro que seguiremos compartiendo trotando
por los montes.

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